sábado, agosto 22, 2009

“DR. ALEMAN”: LA MIRADA EUROPEA SOBRE LA VIOLENCIA COLOMBIANA



Por Jorge Ladino Gaitán Bayona
(Integrante del Grupo de Investigación de literatura del Tolima de la UT,
jlgaitan@ut.edu.co)


En Agosto del 2008 se estrenó en Alemania “Dr. Alemán” (actualmente en tiendas de video), largometraje de 106 minutos de duración del director Tom Schreiber (Freising, 1969), el cual brinda una interesante mirada sobre cómo la violencia diaria en una ciudad colombiana se normaliza y se torna vivible (y hasta festible) para el propio ciudadano, mientras que para un extranjero, no habituado a sus coordenadas específicas, puede arrastrarlo al desenfreno, la confusión y la misma violencia. El protagonista de la cinta es Mark, un joven de 26 años quien viaja desde Frankfurt (Alemania) hasta Cali para efectuar su pasantía en un hospital público donde los heridos por riñas callejeras, hurto y sicariato no cesan de llegar poniendo en crisis su capacidad de reacción y sus conocimientos médicos. En su intento de comprender mejor el contexto busca compenetrarse con la gente de Siloé (al suroeste de Cali) desde el fútbol, la música, el sensualismo y las drogas, pero su aspiración humanística se ve llevada al traste cuando sus acciones y omisiones generan más muertes y tristezas en un país violento donde “la masacre de hoy borra la masacre de ayer pero anuncia la de mañana” (Roca, 2007, 13).

El Guión de “Dr. Alemán”, escrito por el director Tom Schreiber y Oliver Keidel, partió de la correspondencia que le enviará a Schreiber un amigo doce años atrás sobre la pasantía que efectuara en un hospital de Cali. La filmación se hizo en la capital de Valle del Cauca y en ella, junto con el protagonista alemán (August Diehl) y varios actores colombianos conocidos, intervinieron 12 jóvenes caleños (a semejanza de los “actores naturales” usados en varias cintas de Víctor Gaviria)), los cuales fueron preparados con talleres de actuación durante los meses previos al rodaje. La excelente fotografía de Olaf Hirschberg, la adecuación de la música con cada atmósfera abordada en escenarios auténticamente caleños (a cargo de Josef Suchy), la limpieza técnica de la cinta y la no brusquedad en el cambio de escenas le dan soporte compositivo a la película, cuya producción es de 2 Pilots Film production y la distribución de Telepool.

Ahora bien, es innegable la mirada colonialista en el film como si el primer mundo sorprendido por la violencia del tercer mundo olvidara por un rato su historia de holocaustos, guerras y migraciones forzosas que contradice sus ideas de la Modernidad. No obstante, no puede negarse su valor cuando al propio colombiano intenta sacudirlo con una estética que fusiona lo naturalista, lo sublime y la ironía para que vislumbre que no debería ser normal lo que, en términos de civilización y humanismo, debería ser excepción a la regla por su grado de crueldad e indolencia. Se trata de una obra fílmica donde lo foráneo cuestiona lo familiar y local obrando como “la mala conciencia”, la que pone en crisis el orden y el olvido institucional. Aquí, como destacaría Michel Maffesoli en “El nomadismo. Vagabundeos iniciáticos”, se parte de la siguiente premisa: “la mirada exterior, posee una visión más penetrante, más acida también, pues sabe ver lo que a unos ojos demasiados acostumbrados les es difícil apreciar” (Maffesoli, 2004, 108).

La historia explora algunos mecanismos de defensa construidos por el colombiano para sobrellevar la violencia (desde la rumba, el juego y la risa) hasta su particular vocación de ceguera y olvido. Todo ello se efectúa desde una interesante radiografía de Siloé: la miseria en casas sobre las laderas, las disputas entre pandillas en una zona de más de 110.000 habitantes, la descomposición familiar y la participación de los niños en bandas criminales, también las formas de solidaridad entre seres que poco tienen, los rituales de duelo entre amigos, el papel de la salsa como música que recuerda el placer de saberse vivo. Del mismo modo, se vehicula también una historia de amor con final trágico entre el protagonista y una joven desplazada que se encarga de la crianza de sus hermanos. Todos éstos y los componentes anteriores (donde la carga violenta del argumento reposa sobre un adecuado tratamiento estético) hacen que la película de Tom Schreiber sea atractiva al espectador porque lo invita a repensar el país, a verlo sin temor en la complejidad de heridas que no deberían dejar de nombrarse, bien sea por cineastas colombianos o extranjeros.


Referencias bibliográficas

Maffesoli, Michel (2004). El nomadismo. Vagabundeos iniciáticos. México: Fondo de Cultura Económica.
Roca, Juan Manuel (2007). “La casa sin sosiego”, introducción de la Antología La casa sin sosiego, la violencia y los poetas colombianos. Bogotá: Taller de edición, p. 13-32.