Bienvenidos al blog de Jorge Ladino Gaitán Bayona, escritor en formación y doctor en literatura de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Integrante del Grupo de Investigación en Literatura del Tolima y profesor de la Facultad de Educación de la Universidad del Tolima. Aquí la literatura, el cine y la música entrelazan sus misterios.
martes, enero 19, 2016
CLAROSCURO: POEMAS PARA UNA CASA EN EL VACÍO
Por Nelson Romero Guzmán.
Premio de Poesía Casa de las Américas 2015.
Premio Nacional de Poesía Ministerio de Cultura 2015.
Claroscuro es un libro fundado en la doble función de la palabra de designar el objeto (el armario, la maleta, la bicicleta o los rincones) y evocar, en la otra orilla de lo nombrado, una ausencia: la del habitante de la casa. Para Gaston Bachelard, la casa es un estado del alma. Por tanto, la morada no es en su simpleza una presencia material, un cúmulo de cosas puestas allí por necesidad de quien la habita. Y siendo que el libro de Jorge Ladino Gaitán Bayona refiere un tumulto de objetos colocados por necesidad en la sala, la cocina o el garaje, el tema no son ellos mismos, sino el hombre en su estado de expulsión y ausencia. Por eso, muchas de estas imágenes son frías y catastróficas, como los nudos de las corbatas, los cuchillos o los grilletes de las sábanas. Palabras que a través de la elisión gesticulan en el ocultamiento al hombre ausente, lejos del umbral de la casa, en estrecha vecindad con la muerte. De ahí que el eje temático en estos poemas es la desaparición.
Es desde la contextualización de la violencia que vivimos en Colombia o en cualquier país latinoamericano, el lugar donde mejor puede ubicarse el lector. Todo depende de su cooperación para leer imágenes como las contenidas en este poema: “Los rincones corren de un lado a otro / ¿Cómo decirles que no es un juego de escondidas / y nunca habrán de encontrarte?”. Desaparecer a otro ser humano no es un juego de escondidas, sino el desmembramiento de su presencia en el entorno que corresponde a su propia vida, a su morada, a su estado del alma. Los rincones, las sillas o cualquier otro objeto dicen la ausencia del hombre; objetos testigos de una huida, de un despojo casi siempre hacia el definitivo silencio. Pero están puestos en este libro, en un estado poético de ensoñación para resumir lo que ya no está. En este lugar de las supresiones y las heridas violentas, Gaitán Bayona escribe este libro, nos testimonia el vacío.
La literatura colombiana ha testimoniado la violencia más por el lado del género narrativo y, excepcionalmente, lo ha hecho desde la lírica, tal vez por el peso circunstancial de hechos tan crudos que exigen mejor ser contados como sucesos que ocurren a unos personajes concretos. Sin embargo, en Claroscuro la poesía asume el riesgo de representar a su manera la historia de la violencia o un fragmento de ella, pero en este caso replegando la imagen del objeto real hacia la mirada del lector para que testimonie la presencia vacía del hombre. En este juego de ocultamientos y revelaciones, el libro plantea su propio lenguaje, como en este poema:
ARMARIO
Los pantalones juegan a la ruleta,
las camisas agitan pañuelos blancos,
la corbata halló el nudo fatal.
En este poema citado las palabras asumen apenas su oficio necesario, no son más ni menos para decir el dolor espiritual y físico, el azar, la ausencia y la esperanza, que reflejan un estado del mundo donde el hombre es ausencia, pero que en la designación de su corbata, su pantalón, la camisa y el pañuelo, se encuentra delatado el dolor del arrebatamiento, el inminente desarraigo de sus aposentos.
Esta escritura también contribuye a dar significado al vacío en la concepción formal del poema apenas contenido en una estrofa de tres versos cada uno. Aquí el poeta se hace consciente de la precisión de la palabra portadora de la imagen necesaria y a la vez detonante. Celebro la palabra de Jorge Ladino Gaitán Bayona en Claroscuro.
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Prólogo del libro de poemas Claroscuro (2015), de Jorge Ladino Gaitán Bayona, Premio de Poesía Juan Lozano y Lozano 2015. Ibagué: Alcaldía de Ibagué, Secretaría de Cultura, Turismo y Comercio.
sábado, enero 02, 2016
martes, agosto 18, 2015
Nelson Romero Guzmán: Premio Nacional de Poesía 2015 del Ministerio de Cultura
Por Jorge Ladino Gaitán Bayona
(Profesor de Literatura de la Universidad del Tolima)
Nelson Romero Guzmán, profesor de la Universidad del Tolima e integrante del Grupo de Investigación en Literatura del Tolima, fue anunciado el martes 18 de Agosto como ganador del Premio Nacional del Ministerio de Cultura 2015 a mejor libro de poemas publicado entre el 1 de enero de 2013 y el 31 de diciembre de 2014. El reconocimiento fue otorgado a Música Lenta (2014). Sin duda es un año dorado en el periplo estético del poeta tolimense. En Enero su poemario Bajo el brillo de la luna mereció el Premio Casa de las Américas en su edición 56, cuyo fallo unánime se dio en La Habana, Cuba.
Nelson Romero Guzmán (Ataco, Tolima, 1962) es una de las principales voces de la lírica colombiana. Previamente había obtenido: Premio Nacional de Poesía Fernando Mejía Mejía (1992); Concurso Nacional Universitario de Poesía Euclides Jaramillo (1998); Beca de Creación del Fondo Mixto de Cultura del Tolima (1999); Premio Nacional de Poesía Universidad de Antioquia (1999); y Premio Nacional de Literatura –modalidad poesía- del Instituto Distrital de Cultura y Turismo de la Alcaldía de Bogotá (2007).
Entre sus libros de poesía se encuentran: Días sonámbulos (1988), Rumbos (1993), Surgidos de la luz (2000), Grafías del insecto (2005), La quinta del sordo (2006), Obras de mampostería (2007), Apuntes para un cuaderno secreto (con la mexicana Kenia Cano, 2011). Su libro Surgidos de la luz fue traducido al inglés por el poeta húngaro Andrés Berger Kiss bajo el título Sprung from the light. Junto a sus libros de poesía figuran también varias publicaciones en ensayo. En coautoría se encuentra La poética y narrativa tolimense (2000), junto a Libardo Vargas Celemín y Luis Eduardo Gutiérrez. A nivel individual figuran sus libros: El espacio imaginario en la poesía de Carlos Obregón (2012) y El porvenir incompleto, tres novelas históricas colombianas (2012).
Música lenta (2014), ganador del Premio Nacional de Poesía 2015 del Ministerio de Cultura, es uno de nueve libros de la Colección Letras de la Fundación Arte es Colombia (coordinada por Francia Escobar de Zárate), donde figuran también los poetas Juan Manuel Roca, Horacio Benavides, Rómulo Bustos Aguirre, Andrés Matías, Alfredo Vanín, María Clemencia Sánchez, Jotamario Arbeláez y Jaime García Maffla.
En Música lenta, Nelson Romero Guzmán no hace una oda convencional del arte y de las posibilidades curativas de la catarsis. Por el contrario, habla de la escritura como condena, de insomnios que desangran extrañas visiones, demonios que agobian y nunca es posible el exorcismo. La literatura deja de ser una “forma de la felicidad” (como decía Jorge Luis Borges) para convertirse en castigo de quien intenta con palabras matar una obsesión. El poeta juega a atacar la literatura, se mofa, incluso, de su propia figura. Inventa un prólogo donde, desde la muerte, Silvia Platt se dirige al escritor tolimense: “Quien escribe como tú, arruina. Se le debe prohibir la imprenta, escondérsele todo el papel. Mas no te enojes, no por eso la poesía te niega, aunque tú la traiciones. Ella te cose con hilo la cicatriz de los párpados […]Nelson, te lo pido, no escribas más, nunca te leerán. Déjame descansar en paz” (Romero Guzmán, 2014, p.p. 9-10). En ese disfrute de las delicias de la crueldad y de representar la aventura de la escritura, el poeta usa varias máscaras para ser, por un rato, Jean Genet, Antonin Artaud e Isidore Lucien Ducasse (Conde de Lautréamont).
El poeta sobresale por su capacidad de poetizar despojándose de la camisa de fuerza de los géneros literarios. Varios de sus poemas cuentan historias y, frecuentemente, hacen digresiones sobre la literatura. Sus versos van más allá del artificio de la imagen puesto que refiguran las angustias y satisfacciones del arte. Las piedras y su abecedario religioso se exploran en Obras de mampostería. Las modalidades de escritura de hormigas, polillas, mariposas y otros minúsculos animales se encuentran en Grafías del insecto. Los símbolos pictóricos y las cartas de Vincent Van Gogh a su hermano Théo se reinventan en Surgidos de la luz. Goya, sus brujas y oscuras criaturas se deslizan en La quinta del sordo. En definitiva, la obra de Romero Guzmán es rica en intensidades, máscaras, voces y hechos que llevan la imaginación al límite de la belleza.
Referencia
Romero Guzmán, N. (2014). Música lenta. Bogotá: Fundación Arte es Colombia.
domingo, junio 14, 2015
BIRDMAN: LA LOCURA CONTRA LAS PELÍCULAS COMIC
Por Jorge Ladino Gaitán Bayona.
Profesor de Literatura de la Universidad del Tolima.
jlgaitan@ut.edu.co
Edgar Allan Poe, el escritor norteamericano que convirtió las obsesiones y desordenes de la mente en bases del cuento moderno, advirtió a sus lectores: “La ciencia no nos ha enseñado aún si la locura es o no lo más sublime de la inteligencia” (2006, p. 405). Este artículo tiene en cuenta la locura no en su condición de patología, sino como variable de la lucidez y del espíritu crítico. Inútil la etiqueta de esquizofrénico para capturar a Riggan Thomson, el personaje magistralmente interpretado por Michael Keaton en Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia (2014), ganadora de múltiples reconocimientos, entre ellos los Premios Oscar a mejor película, director, guión original y fotografía. Todo lo contrario, cuando Riggan Thomson deja de ser él y permite que a través suyo se escuche la voz de Birdman -el superhéroe interpretado por él tiempo atrás- la palabra adquiere un vuelo inesperado porque arroja todos sus dardos contra las películas basadas en comic. En la mayoría de cintas del nuevo milenio, la verosimilitud es acribillada por el brillo inocuo de los efectos especiales, los guiones son truculentos, la ficción no saca a la luz los grandes conflictos y pasiones de la condición humana. Pocos largometrajes de este tipo rompen con el lugar común, van más allá de la típica lucha del bien contra el mal, desestabilizan el concepto de héroe y priorizan la historia en vez de las escenas de acción. Contadas son las excepciones, quizás la trilogía de Batman, de Cristopher Nolan, o Watchmen, dirigida por Zack Snyder.
Muchos espectadores que ingresaron a las salas de cine para ver Birdman no pasaron de la media hora y abandonaron los recintos porque no acontecía nada de lo esperado: explosiones, crímenes, persecuciones, efectos… Algunos afiches prometían lo mismo de otras películas comic, pero, en realidad, eran bellas emboscadas. La cinta de Alejandro González Iñárritu no está para homenajear al género sino para ofrecer una diatriba. Los amantes del séptimo arte terminan amando la propuesta estética del director mexicano y con una sensación de asco por todos los Ironman, Vengadores, Thor, Hombres increíbles, entre otros. En lugar de las calles y espacios abiertos, el escenario privilegiado por Iñárritu es la conciencia atormentada de Riggan, un “ego ficcional” (Kundera, 2004, p. 97) con demasiado parecido al actor que lo encarna, Michael Keaton. Sobre este último pesa un curioso exilio en las pantallas. El espectáculo no le perdona caracterizar personajes distintos a Batman, luego de protagonizarlo en las dos películas de Tim Burton. Análogamente Riggan es un actor que lucha por hacer teatro y Hollywood lo ha marginado por rechazar la cuarta parte de la saga del superhéroe.
En Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia, la personalidad de Riggan se trastoca cuando abandona las tablas de una obra teatral basada en “De qué hablamos cuando hablamos de amor”, un cuento de Raymond Carver. En la soledad ritual de su camerino emerge de su interior Birdman, el héroe que lo hizo famoso. El hombre pájaro vuelve a él para dominarlo en el teatro de su vida. Curiosa paradoja: un actor veterano renunció para siempre a seguir siendo Birdman en el cine, pero su personaje nunca renunció a él, ha opacado a su propio creador y la única liberación es la muerte. Birdman quiere volver a las pantallas y, mientras tanto, se burla de los comic llevados al cine en la actualidad. Gracias a su humor negro e ironía, se despiertan juicios de valor en torno a cómo Robert Downey Jr. prostituyó su carrera al repetir las ridículas películas donde interviene el héroe de Marvel: “Ese payaso no tiene ni la mitad de tu talento y está ganando una fortuna con ese disfraz de Hombre de Hojalata. Nosotros fuimos los verdaderos, Riggan. Lo teníamos todo. Lo dejamos ir. Les entregamos a estos embusteros las llaves del reino. ¿Me estás escuchando?”.
¿Cómo no recordar los ácidos versos de Francisco de Quevedo?: “Poderoso caballero es don Dinero” (1987, p. 32). Ante los mandatos de Hollywood y la tentación de millones de dólares, innumerables artistas sacrificaron sus convicciones éticas y estéticas. Quienes alguna vez brillaron por encarnar personajes trágicos dejaron atrás la belleza y los desafíos actorales. Se estancaron en la comodidad de las fórmulas trilladas de las películas comic, donde la cursilería, los exagerados efectos computarizados, los chistes tontos y los finales traídos de los cabellos rompen la verosimilitud. Natalie Portman conmocionó al mundo en su papel de artista capaz de entregar su vida en aras de la belleza - El cisne negro -pero rápidamente cayó en el dulzón papel de científica enamorada en las pésimas películas de Thor. ¿Cómo perdonar a Halle Berry su Gatubela o a Nicolas Cage su Ghost Rider? ¿Cuántos renunciaron a ser verdaderos actores y actrices para ser solamente estrellas? ¿Cuándo olvidaron el cine en su condición de séptimo arte?
Junto al ostracismo impuesto por Hollywood a quienes se resisten a repetir papeles taquilleros está la crueldad de la prensa contra los que cambian las pantallas de cine por las tablas del teatro. La película del director mexicano muestra a una crítica del espectáculo profundamente feroz, al acecho, merodeando las tabernas donde los artistas olvidan sus tribulaciones. Hacia ella dirige su malestar Mike Shiner (protagonizado por Edward Norton), uno de los actores en la obra en la cual Riggan protagoniza, dirige y produce: "Un hombre se convierte en crítico cuando no puede ser artista, así como se convierte en informante cuando no puede ser soldado". Lo dijo Flaubert, ¿no?”.
Poco a poco pasan al olvido las secuencias sugestivas, los diálogos trascendentes y las cámaras que captaban esos pequeños gestos en los cuales habitaban las tensiones de la existencia. Para las productoras norteamericanas, la inesperada virtud de la ignorancia en las películas basadas en comics es la taquilla y los derechos de imagen por la publicidad en alimentos chatarra. Tal como Bidman reconoce a Riggan, lo fundamental son los tiroteos y las destrucciones de ciudades: “Dale a la gente lo que quiere: pornografía clásica y apocalíptica […] Les brillan los ojos. Adoran esta mierda. Adoran la sangre, adoran la acción. No esta basura habladora, deprimente, filosófica”. La profunda genialidad de Iñárritu y su equipo de guionistas –Nicolás Giacobone, Armando Bo y Alexander Dinelaris, Jr- es tornar en cualidades estéticas lo que no haría una película convencional al estilo del universo Marvel: “habladora, deprimente, filosófica”. Birdman ahonda en el tema del fracaso e instaura en la escena la lúcida locura de alguien que fue superhéroe y lucha contra el estereotipo. En vez del vértigo de las secuencias de acción, prima la lentitud ritual de las digresiones y los plano secuencia; en lugar de la “pornografía apocalíptica”, las insinuaciones y largos silencios donde el espectador rumea el desencanto del protagonista. Definitivamente, como bien lo resalta Pablo Scholz en una de sus columnas para El Clarín, “el sendero poético es clave en Birdman, esa mezcla de sátira al show business y al mundo de la actuación, a Hollywood, y a los críticos” (2015).
Referencias
Kundera, M. (2004). El arte de la novela. Barcelona: Tusquets Editores.
Poe, E. A. (2006). Miscelánea. Buenos Aires: Editorial Claridad.
Quevedo, F. (1987). Poemas escogidos. Madrid: Clásicos Castalia.
Scholz, P. (11 de Febrero de 2015). Birdman: Como te ven, te tratan. El Clarín. Recuperado de: http://www.clarin.com/extrashow/cine/Birdman-Crotica_de_cine-Alejandro_Gonzalez_Inarritu-Michael_Keaton_0_1302469782.html
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Para citación:
Gaitán Bayona, J.L. (2015). Birdman: la locura contra las películas comic. Candilejas, Revista Cinema Itinerante. Semestre A de 2015, volumen No. 3, No. 5.,Universidad del Tolima, p.p. 4-6.
lunes, mayo 18, 2015
ESTADO DE COMA
Los poemas que siguen a continuación son tomados del libro Estado de coma, de Jorge Ladino Gaitán Bayona, editado en Ibagué por la Universidad del Tolima en 2015.
FICHA DE INGRESO
Nombre: Esperanza.
Edad: desconocida.
Condición: estado de coma.
LA SOMBRA DEL ANCIANO
La sombra del anciano junta sus manos.
Pocos días en sus pulmones.
Antes del fin una ofrenda:
Esperanza en coma,
apostar quién muere primero.
La sombra piensa:
"Nos decían que eras verde y tienes color de noche en vela,
de saber cuántos te esperan y no caminar.
Te prestaría la silla de ruedas que nadie empuja,
el grito y la súplica de un tiro de gracia".
EL MAR SUEÑA TUS CENIZAS
El mar sueña tus cenizas.
Sus olas cuentan los segundos.
Pondrá tu nombre donde las aguas niegan los peces.
Recuerda tus infamias,
la infección en tus labios
y el terror de los flagelantes en la Peste Negra.
La danza macabra alargó la noche y el insomnio de peregrinos.
Saltabas con las pulgas de rata en rata,
de casa en casa,
de barco en barco.
No parabas de reír,
no quedaba tierra para tanto muerto.
Vestías de bufón y confundieron tu verde
con el traje de la redención.
Nada aclaraste y te ofrendaron poemas.
LABIOS DE PROFETAS
Labios de profetas sangran en espejos.
Conjurados por el silencio en cristales del abismo,
lejos de la palabra y sus acantilados.
Volver a la desnudez del trueno,
a la piedra,
vientre del camino.
La herida será sólo herida, no semilla de parábolas.
La muerte sólo muerte,
acaso lucidez de la tierra.
LA TIERRA TREPA
La tierra trepa árboles
y canta el vuelo de sus pájaros,
las raíces olvidan el miedo a las alturas,
de nuevo a lomo de nubes,
de salto en salto,
de risa en lluvia.
Una gota de cielo resbala del girasol
y el mundo nace puro de nuevo.
La hierba moja sus labios,
espasmo de hormigas,
deseo y ofrenda.
Las hojas celebran y susurran:
nadie más difamará el verde y su pureza,
Esperanza ha muerto;
malditos los minutos de silencio,
apenas uno negro,
color de sus entrañas.
domingo, abril 26, 2015
ESTADO DE COMA DE JORGE LADINO, UN SOLFEO ENTRE EL VERDE Y EL NEGRO
Por Nelson Romero Guzmán
Premio Literario Casa de las
Américas 2015, Poesía.
Profesor de la Universidad
del Tolima, Colombia.
“No nos quedan más comienzos”. Con esta frase
apocalíptica George Steiner inicia su libro
Gramática de la creación (2011).
Su centro de reflexión es el absurdo y la paradoja de la esperanza en las
utopías, a partir de los movimientos de progreso y de decadencia del siglo XX.
Al cansancio de ese siglo le llama “la cronometría interior” que sólo ha
revelado en la cultura occidental “fascinaciones por el ocaso”. Decrepitud,
mortalidad, masacre, bestialización, “eclipse de lo mesiánico”, encierran los
signos de una “oscura condición en la gramática”, pues “la esperanza y el temor
son supremas ficciones potenciadas por la sintaxis” (p.16). Y es que Steiner
entiende la gramática como una condición inherente al Homo sapiens que lo emparenta con un sueño del futuro, ya que las
partículas potenciales del verbo “ser” como “-erá”, “-ería” y “si”, son claves
de la esperanza (p. 16). Así la teología, el arte, el marxismo, la filosofía
platónica e incluso el cartesianismo, vienen a convertirse una “gramatología”
de la esperanza. Una esperanza que ha venido perdiendo su aura de salvación, su
fe en el comienzo y significado para el hombre. De ahí el enunciado contundente
del escritor francés: “no nos quedan más comienzos”.
El presente libro de Jorge Ladino Gaitán Bayona esconde
en su trasfondo un relato trágico: el de la muerte de la Esperanza que la
ficción poética anuncia desde su llegada al hospital. Por eso el primer poema
se declara una “Ficha de ingreso” con los datos de la moribunda:
Nombre:
Esperanza.
Edad:
desconocida.
Condición:
estado de coma.
Luego de elaborada esta ficha de ingreso, Esperanza
(personificación de la esperanza), es conducida a la sala de cuidados
intensivos donde es víctima de prácticas sexuales por parte del enfermero,
quien ya en el segundo poema se encarga no sólo de hacernos este relato
descarnado, sino el de ubicarnos en ese hospicio donde permanecen quienes se
encuentran en estado de postración. Con esta primera escena del ingreso se nos
está pintando un retablo del infierno. Lo que sigue es una danza macabra de
sombras, seres en agonía y atmósferas oscuras alrededor del estado de coma de
la paciente, quien desde su propia conciencia alucinada por el dolor
reconstruye los episodios más duros de la humanidad, que a través de las guerras
y las pestes, vio incumplidas sus deseos. Por eso, el libro Estado de Coma hace un ajuste de cuentas
con los sueños del mañana y la muerte de la utopía como opción de libertad del
hombre del presente que se obstina por obtener respuestas de lo inmediato.
Pero, sobre todo, el libro hace un relato poético valiéndose de la alegoría
como recurso para dar vida a la esperanza (los sueños que aspiramos ver
cumplidos), convertida ahora en Esperanza, mujer decrépita alucinando en el
hospital, exiliada en su propia soledad, abusada por un enfermero, objeto de la
burla y la ironía por parte de los demás enfermos, en fin, una paciente en
perfecto estado de coma.
Este relato poético está marcado por indicios bien
precisos en su composición que ayudan a resignificar la intención del libro.
Así, el autor recurre a una distribución de los apartados que por sí solos nos
señalan el espacio preciso donde tiene suceso el drama final de Esperanza: La
ficha de ingreso como registro y antesala, el primer subtítulo “Puertas adentro”
como la entrada de a moribunda a sala de cuidados intensivos, el segundo
subtítulo “Puertas afuera” como un memorial de las tragedias de la humanidad, y
el tercer subtítulo “Puertas adentro y afuera” como la muerte de Esperanza. El final del libro tiene un cierre
sorprendente a partir del uso vanguardista de un rectángulo negro en mitad de
la página, como ícono poético para sugerir visualmente la idea de la muerte;
color negro que es el minuto de silencio con el que cínicamente la naturaleza
celebra el ocaso de Esperanza, quien durante siglos difamó su verde. Luego se
le iza una bandera blanca en la cama, creando una bella sugerencia de contraste
entre el código visual y verbal. Entonces podemos hablar de un libro que
también propone una lectura desde sus símbolos secretos. Así es como Estado de coma tiene un inicio
contundente, unos intermedios que lo complementan y una simbología de la muerte
que marca su cierre. Estos recursos expresivos hacen dueño al conjunto de los
poemas de una composición poética propia. A propósito, Mijail Bajtin en su
ensayo “Estética de la creación verbal” (1998), se refiere a tres momentos
claves de enunciación que pueden aplicarse a una obra artística: el contenido
temático, el estilo y la composición. Este último rasgo, el de la composición,
es al que se recurre con más frecuencia en la novela desde Cervantes y
escasamente lo hace la poesía. Este hacer hablar al texto desde su organización
intencional, es asunto que también incumbe a la creación, además que un libro
así le crea unas mayores resonancias de sentido a la lectura si el lector las
sabe aprovechar para hallar las claves de su propuesta temática y disfrutar de
un significado mucho más enriquecedor.
Sin embargo, la temática por sí sola es lo que menos debe
interesarle a un lector de poesía; es el lenguaje y sus sugerencias poéticas lo
que en últimas viene a darle forma al significado, a la emoción estética, a la
reflexión y a todos los registros verbales sonoros, metafóricos o simbólicos en
la lectura. En el caso de Jorge Ladino,
como ya se dijo, también cuenta la manera como el poeta entrelaza los elementos
de su composición para armonizarlos con el conjunto interno de los poemas.
Digamos mejor que cada autor hace distintos los mismos temas en poesía o en
cualquier expresión del arte, que en esencia no han cambiado mucho desde Homero
hasta hoy. Así George Steiner en su Gramática
de la creación, desde una escritura literaria de tono elegiaco con legado
filosófico, da su propio testimonio del poder que tiene el hombre de soñar con
el futuro a partir de una gramática que también da cuenta del “estado de coma”
de los credos hasta el siglo XX; la literatura y en general las producciones
artísticas no han hecho más que forjar los diálogos ocultos de las culturas en el
tiempo, desde el inconsciente de la creación. Mi mención a Steiner no es bajo
ninguna circunstancia forzosa para leer
este libro de Jorge Ladino, sino un capricho de azar y una manera de
conectarse cada lector con sus referentes propios en un campo intertextual.
En otro escala de lectura de Estado de coma, Jorge Ladino Gaitán acogió en el poema a la
paradoja como mirada apocalíptica para tejer desde la Esperanza un relato
desesperanzador: el de su muerte, como la muerte de Dios en Nietzsche y el fin de la metafísica. Por la forma como la esperanza muere en el
libro Estado de coma, es sintomática la pérdida de su aura sagrada,
de su ideal de salvación, pues los valores que forjaron la modernidad se
encuentran en estado de coma dado el proyecto inconcluso y fracasado de las
utopías y el ocaso de la creencias. De ahí estos versos: “Los profetas caen de
las torres”. Ante este vacío, el enfermero se convierte en el héroe caído de un
erotismo mundano, ocupando el sitio del hombre posmoderno que perdió la fe en
un Ideal y su capacidad de fantasear con lo por-venir. Entonces, al sentirse burlado
por los incumplimientos de la Esperanza a lo largo de los siglos, la somete a
la injuria de sus apetitos carnales en una sala de cuidados intensivos, para
así atestiguar su muerte física y moral. De ahí que resulte claro su
amordazamiento sexual en el poema VI: “A medianoche, / un enfermero con
cremallera abierta, / apaga la luz y todo pasa sin saberse”. En ese sentido,
este libro es una respuesta poética visceral, limítrofe de la muerte a las
preguntas planteadas hoy por la filosofía posmoderna y apocalíptica de “la
muerte del aura”. En adelante es la Naturaleza la que vuelve alzar su trono en
medio de las ruinas de la Esperanza. Ella es la encargada de anunciarnos su
final en el antepenúltimo poema del libro: “Nadie más difamará el verde y su
pureza, / Esperanza ha muerto”. Lo que sigue es la blasfemia a su ritual
mortuorio.
Abordado más de cerca el asunto de este libro, tenemos
que el creador de estos textos ha recurrido al escenario de los agonizantes (el
hospital) como territorio de la enfermedad, la degradación, el suplicio y la
muerte; a la vez se crean otros escenarios en el que se incrustan pequeños
relatos que le otorgan fisonomía poética el libro. No sólo se da el encuentro
con el enfermero, sino con la sombra del viejo agonizante con quien la
Esperanza entra en un diálogo desafiante. El clima creado en el hospital es el
de un mundo de espectros donde el viejo y la Esperanza entran en juego con su
propia desgracia, apostando a quién muere primero. La sombre del viejo le habla
en burlas a su compañera paralítica, entregándole la silla de rueda “que nadie
empuja”, además de retarla a morir: “Nos decías que eres verde y tienes color
de noche en vela, / de saber cuántos te esperan y no caminar. / Te prestaría la
silla de ruedas que nadie empuja, / el grito y la súplica de un tiro de gracia”.
Está también la partida del “último ajedrez” donde
“Esperanza perdió sus torres y caballos”. Los demás microcosmos poéticos en
torno a la esperanza se van entrecruzando para reconstruir la memoria de las
tragedias: los naufragios históricos, los campos de concentración de la Segunda
Guerra Mundial, las muertes por Peste Negra, los motines de las cruzadas, el
llanto de las madres en la Plaza de Mayo, etc.
Pero también el fútbol como un detonante de la violencia: “Cada guerra
te sabía a Mundial”. El último solfeo de la esperanza es la “música verde para
idiotas”. También el libro se matiza con otras muertes metafóricas como la de
la poesía misma (el sueño frustrado de las vanguardias de inicios del siglo XX)
y del poeta romántico que prefiguró la modernidad: “Tarde o temprano / los
poemas de amor avergüenzan a sus dueños”. Otros, los hijos de la esperanza que
perdieron su retorno a casa, ya sean aquellos que renunciaron a sus sueños:
“los hijos bobos vuelven a casa para siempre” (XIII), o los que fueron
derrotados por la muerte: “algunos hijos vuelven en cofres silenciosos” (XV).
El último episodio de este solfeo entre el verde y el
negro, corresponde a la muerte de la Esperanza: “Nunca Esperanza imaginó este
hospital”. Su muerte es descrita en forma casi realista, como correspondería
a un informe: “Bostezo de aguja en la
muñeca. / Los cables se deslizan por la boca como serpientes. / La cama y la
silla meditan la escena” (VI). Estado de
coma, del poeta Jorge Ladino Gaitán Bayona, no podría ser otro que un libro
de los finales, el término al que ha llegado el hombre de inicios del siglo XXI
envilecido por la esperanza, la que ve morir con todas sus promesas.
Referencias
Steiner, G. (2011). Gramática de la creación. Madrid:
Ediciones Siruela.
Gaitán Bayona, J.
(2015). Estado de coma. Ibagué:
Universidad del Tolima.
IMAGEN DE CARÁTULA: “Utopía en verde ocaso”, óleo sobre
lienzo de Diego Fernando Céspedes.
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