lunes, febrero 22, 2016

DE SOGAMOSO A IBAGUE Y OTROS PAISES



Por Benhur Sánchez Suárez.
Columna de opinión del 17 de Febrero de 2016.
El Nuevo Día, El periódico de los tolimenses.





Jorge Ladino Gaitán Bayona, —como el gran poeta colombiano del siglo XX Jorge Gaitán Durán, diferenciados por el segundo apellido, Durán y Bayona—, es un joven poeta y crítico nacido en Sogamoso, Boyacá (1977), aunque radicado en Ibagué a la muy temprana edad de doce años.

De tal suerte que su formación ha sido más influenciada por la agreste geografía tolimense que por la apacible y muchas veces fría del paisaje cundiboyacense, aunque el territorio de la infancia esté siempre presente.

Desde cuando se vinculó al colegio Champagnat de Ibagué, hasta la recepción de su licenciatura en Lenguas Modernas en la Universidad del Tolima y de su doctorado en la Universidad Católica de Chile, siempre ha sido un permanente activista de la cultura en la ciudad y el departamento.

Precisamente el año anterior publicó dos libros de poemas: Estado de coma, en la colección de la Universidad del Tolima, y Claroscuro, premio de poesía Juan Lozano y Lozano patrocinado por la Secretaría de Cultura del municipio, dentro de su Programa de Estímulos Artísticos y Culturales.

Son dos libros distintos, muestra de su permanente búsqueda de su expresión estética, de lograr su propia voz para comprender el mundo y apropiárselo. Uno es la indagación de la muerte, el universo de un hospital como simbología de una nación martirizada por la violencia y su irracional solución de la muerte, como en Estado de coma.

El otro es la búsqueda de la esperanza en medio de la desaparición y ausencia de los seres humanos, también agobiados por un conflicto eterno donde es impensable perdonar y olvidar tanta barbarie. Eso es Claroscuro.

Sus formatos también son distintos. En el primero maneja la amplitud del verso libre, en que la musicalidad de los versos marca su condición de poemas y en el segundo acomoda su expresión a una especie de haiku, reglado y con su métrica particular, por ejemplo, tres versos en todos los poemas, en los cuales hay descubrir su significación más profunda.

Como dice Nelson Romero Guzmán, nuestro laureado poeta, en el prólogo: «Esta escritura también contribuye a dar significado al vacío en la concepción formal del poema, apenas contenido en una estrofa de tres versos. Aquí el poeta se hace consciente de la precisión de la palabra portadora de la imagen necesaria y a la vez detonante. Celebro la palabra de Jorge Ladino Gaitán Bayona en Claroscuro».


Así transcurre el libro, como en “Reloj de pared”:


“Las horas deslizan ataúdes.
Los minutos destejen la lluvia y sus aromas.
Huele a epitafios y lápidas sin dueño”.


De esta manera Jorge Gaitán Bayona continúa inscribiendo su nombre en las páginas de la literatura colombiana, surgidas de las entrañas del Tolima.


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URL de la columna del Maestro Benhur Sánchez Suárez en El Nuevo Día:


http://www.elnuevodia.com.co/nuevodia/opinion/columnistas/282421-de-sogamoso-a-ibague-y-otros-paises

sábado, enero 23, 2016

UNA COLOMBIA DE ALAS ROTAS EN MURO DE SOMBRAS Y DE PÁJAROS



Por Jorge Ladino Gaitán Bayona
(Profesor de Literatura de  la Universidad del Tolima,
jlgaitan@ut.edu.co).


Miryam Alicia Sendoya en Isla Negra, Chile


“Un pais náufrago / sorprende al pájaro con sus alas rotas / en la orilla de un poema” (Sendoya, 2015, p. 2).  Tres líneas que son un poema, un país, una declaración de principios de Miryam Alicia Sendoya Guzmán sobre la necesidad de cantar el paisaje en sus ríos, montañas y árboles, pero también en sus muertos y desaparecidos. Sus versos se miran a sí mismos como un mar testigo de un extraño encuentro de dos pájaros en su playa: uno acostumbrado al cielo y los colores mira a otro naufragando con  “alas rotas”, metáfora de una Colombia donde la muerte no tiene descanso porque “la masacre de hoy borra la masacre de ayer pero anuncia la de mañana” (Roca, 2007, p. 13).

Miryam Alicia Sendoya se suma a una importante tradición de poetas colombianos que ha escrito sobre la violencia: Héctor Rojas Herazo, José Manuel Arango, Piedad Bonnett, María Mercedes Carranza, Mery Yolanda Sánchez, William Ospina, Juan Manuel Roca, entre otros. Su poemario Muro de sombras y de pájaros  fue ganador del Gran Premio Ediciones Embalaje del Museo Rayo 2014. Su título está lleno de sugerencias, provocaciones y preguntas: ¿Colombia al paredón de la poesía en sus palabras y silencios? ¿Un muro que impide el paso de todo, hasta de sombras  y pájaros? ¿Un detenerse a pensar por migraciones forzadas o cuerpos ocultos en la noche? ¿Una casa en ruinas de la que apenas queda un muro para insinuar los estragos?

Previo a Muro de sombras y de pájaros, Miryam Alicia Sendoya Guzmán  (Ibagué, 1950) publicó los libros Girasol (2000), Soles rotos (2003) y Breviario del jardín (2004). Ha participado en varios Encuentros de Poetas de Roldanillo. En 2014 fue incluida en la antología Poesía colombiana escrita por mujeres, tomo II (Poetas nacidas a partir de 1950). Dicha antología fue coordinada por Guiomar Cuesta y Alfredo Ocampo Zambrano. 

Muro de sombras y de pájaros -publicado en 2015 tras la obtención del Gran Premio Ediciones Embalaje del Museo Rayo 2014- está integrado por 31 poemas. El preámbulo es un bello prólogo de siete páginas  de Agueda Pizarro Rayo, titulado “Caligrafía del dolor”.

La poeta siempre se ha destacado por elegir la brevedad como mecanismo estético en sus búsquedas de la belleza.  Tal como resalta Libardo Vargas Celemín, “ella entendió que su camino era el de la brevedad y por él discurren sus versos cortos, cargados de gran sensibilidad y apuesta por la profundidad” (2015). Una profundidad en la mirada para espiritualizar el paisaje al evocar una finca, un sendero o una planta, también para insinuar las múltiples violencias en Colombia:

  • Ocho  grandes guerras civiles en Colombia en el siglo XIX. 
  • La Guerra de los Mil Días entre 1899 y 1902 con más de 100.000 muertos.
  • La Violencia partidista (liberales y conservadores)  tras el magnicidio de Jorge Eliecer Gaitán entre 1948 y 1964 con aproximadamente 300.000 muertos.
  • Existencia de fuertes grupos armados al margen de la ley, de extrema izquierda y de extrema derecha, que han incurrido en innumerables masacres, secuestros, tomas y destrucción de poblaciones.
  • Sicariato al servicio del narcotráfico.
  • 5.445.406 desplazados por culpa de la violencia entre 1985 y 2011, según el boletín número 79 de marzo de 2012, de la Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento en Colombia (CODHES). 

Al interior de cada cifra hay miles de historias individuales y familiares truncadas por las armas y los intereses económicos de quienes se enriquecen con el crimen y el robo de tierras.  Tantas violencias no son ajenas a los compromisos éticos y estéticos de una poeta hija de su época y  de los tiempos anteriores a su nacimiento. Uno de sus poemas insinúa que su cuerpo tiene una cronología más allá de lo individual. La memoria personal no es ajena a la colectiva: “La memoria habita los poros / y un tenue escalofrío me recorre” (Sendoya, 2015, p. 21). En pocas líneas la poeta sugiere su malestar existencial por un país cuya naturaleza prodigiosa se profana por diversos actantes de la guerra.  Su poema VII advierte: 


Un espejo deslucido
ve pasar el reflejo del día, 
una a una las sombras 
de los pájaros que llevan voces acalladas y sollozos (Sendoya, 2015, p. 7).  


Hasta las sombras de los pájaros guardan memoria y su canto está del lado de las víctimas. Van por el cielo diciendo lo silenciado en tierra por conveniencia o miedo. Son portavoces de las angustias vitales de una poeta preocupada por la suerte de su país de origen: “La naturaleza de los pájaros y su forma hace de ellos un alfabeto tan visual como sonoro para estos poemas. Son migratorios y cantan como la autora, una de muchos desplazados, desterrados y peregrinos” (Pizarro Rayo, 2015, p, II).

En Muro de sombras y de pájaros la imagen poética está cargada de tensiones.  Los polos opuestos se reconcilian  y llevan al lector a cuestionar toda forma de poder que acentúa en Colombia los odios acérrimos. La iglesia no está libre de culpa en este poemario. Entre lo alto y lo bajo, el cielo y la tierra, se mueven los versos de la poeta Miryam Alicia Sendoya, donde ni siquiera los ángeles están a salvo del destierro:


 En el pulpito 
-aves negras- 
arengan las torres de la iglesia. 
A veces, muchas veces, 
sus gritos llegan al cielo 
mientras los ángeles deshabitan el bosque (Sendoya, 2015, p. 14). 


¿Cómo no recordar el papel de un amplio sector de la iglesia católica en el periodo conocido como La Violencia, arengando a los conservadores para asesinar liberales? ¿Cuántos representantes de la iglesia, en vez de invitar a la tolerancia entre los bandos enfrentados, acentuaron odios y venganzas? ¿Por qué todavía los colombianos se dejan manipular por personajes de gritona oratoria que dividen el mundo entre buenos y malos, trátese de la iglesia católica u otras religiones?  

En el poemario los pájaros persisten en su tarea sagrada de insinuar horrores: una torcaza en una rama seca y “en su mirada parda las guerras incontables” (Sendoya, 2015, p. 9); “enlutados pájaros cruzan el firmamento” (p. 8) mientras el sol llora “los valles sembrados de escapularios rotos” (p. 8). En medio del dolor y la indiferencia queda, sin embargo,  el vuelo de la esperanza y la naturaleza regalando a los hombres la mejor de sus estaciones: “El gorrión sonríe, / vibran sus colores ciegos, / la primavera” (p. 7).

En los versos de Miryam Alicia Sendoya están las improntas de la poesía japonesa, del haiku y el  haikai, en donde todo  “se nos revela en un destello de asombro” (Agueda Pizarro, 2015, p. II).  Desde el asombro se refiguran los conflictos bélicos en Colombia sin caer en tonos quejumbrosos, sermones o panfletos. Es una brevedad sustentada en la imagen y en la sutileza del lenguaje para abordar cosas de extrema gravedad evitando el morbo o el regodeo en lo macabro: “Mujeres deshojadas / como libros en cualquier rincón. / Perdieron su risa. / Vidas rotas, / muñecas extraviadas” (poema XXVIII). 

Walter Benjamin habló del Ángel de la Historia como un ser angustiado que, en vez de ir al cielo plácidamente, apunta sus ojos a la tierra y juzga el progreso y su “cadena de acontecimientos” (2007, p. 48). Mira en el “una catástrofe única, que arroja a sus pies ruina sobre ruina, amontonándolas sin cesar” (p. 48). No atiende a los discursos oficiales sobre héroes y gestas. Quisiera “detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo destruido” (p. 48).  Su vuelo está del lado de las víctimas, silenciados y excluidos. La poeta Miryam Alicia Sendoya es como el Ángel de la Historia del célebre filósofo alemán. Su voz, cuidadosa y cálida, es para quienes partieron de forma trágica bajo la desaparición forzada o el exilio: La brújula marcó la huella. / En el muro la mueca del olvido, / la ceniza y la sentencia. / Nada señala la piel de los ausentes” (Sendoya, 2015, p. 15).

Pájaros, ángeles y distintas formas del aire en Muro de sombras y de pájaros, son “la poética de alas” (Bachelard, 1994, p. 76) en la propuesta estética de Miryam Alicia Sendoya. “El signo aéreo” (p. 32) de la poesía es el dinamismo de la imagen,  un lenguaje despojado de pesos retóricos para levantarse ante el lector y llevarlo a un viaje rico en asombros. Ahora bien, la imaginación no es sólo un regodeo con la palabra y no está despojada de tiempo ni de historia, “la imaginación no es un estado, es la propia existencia humana” (p. 9). Contiene espiritualidad, conciencia de la libertad y del valor sagrado de la vida. Por eso la poeta, sin descuidar la búsqueda de la belleza, sugiere hechos violentos que se “normalizan” en una Colombia caracterizada por la indiferencia y la resignación.  Sus versos anuncian sobrevivientes que dejaron atrás amores, y tierras por culpa del desplazamiento forzoso; recuerdan muertos despojados de rito, “solos / sin música / lejos de casa” (Sendoya, 2015, p. 30). 


Referencias

Bachelard, G. (1994). El aire y los sueños, ensayo sobre la imaginación del movimiento. México: Fondo de Cultura Económica.
Benjamin, W. (2007). Tesis sobre la historia y otros  fragmentos. México: Editorial Ítaca.
Pizarro R. A. (2015). Caligrafía del dolor, prólogo del poemario Muro de sombras y de pájaros, de Miryam Alicia Sendoya. Roldanillo (Colombia): Ediciones Embalaje, p.p. I-VII.
Roca, J. M (2007). La casa sin sosiego, la violencia y los poetas colombianos del siglo XX, antología. Bogotá: Taller de Edición.
Sendoya, M. A. (2015). Muro de sombras y de pájaros. Roldanillo (Colombia): Ediciones Embalaje.
Vargas Celemín, L. (2015). La poeta Miryam Alicia Sendoya escala. El Nuevo Día, el periódico de los tolimenses. Recuperado de: http://www.elnuevodia.com.co/nuevodia/opinion/columnistas/266323-la-poeta-miriam-alicia-sendoya-escala


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Para citación:



Gaitán Bayona, J. L. (2016).  Una Colombia de alas rotas en Muro de sombras y de pájaros. Letralia, Tierra de letras. Recuperado de:  http://letralia.com/lecturas/2016/01/20/una-colombia-de-alas-rotas-en-muro-de-sombras-y-de-pajaros/

martes, enero 19, 2016

Ven y camina conmigo - Enrique Bunbury Feat. Pepe Aguilar - BUNBURY MTV ...

CLAROSCURO: POEMAS PARA UNA CASA EN EL VACÍO



Por Nelson Romero Guzmán.
Premio de Poesía Casa de las Américas 2015.
Premio Nacional de Poesía Ministerio de Cultura 2015.






Claroscuro es un libro fundado en la doble función de la palabra de designar el objeto (el armario, la maleta, la bicicleta o los rincones) y evocar, en la otra orilla de lo nombrado, una ausencia: la del habitante de la casa. Para Gaston Bachelard, la casa es un estado del alma. Por tanto, la morada no es en su simpleza una presencia material, un cúmulo de cosas puestas allí por necesidad de quien la habita. Y siendo que el libro de Jorge Ladino Gaitán Bayona refiere un tumulto de objetos colocados por necesidad en la sala, la cocina o el garaje, el tema no son ellos mismos, sino el hombre en su estado de expulsión y ausencia. Por eso, muchas de estas imágenes son frías y catastróficas, como los nudos de las corbatas, los cuchillos o los grilletes de las sábanas. Palabras que  a través de la elisión gesticulan en el ocultamiento al hombre ausente, lejos del umbral de la casa, en estrecha vecindad con la muerte. De ahí que el eje temático en estos poemas es la desaparición. 


Es desde la contextualización de la violencia que vivimos en Colombia o en cualquier país latinoamericano, el lugar donde mejor puede ubicarse el lector. Todo depende de su cooperación para leer imágenes como las contenidas en este poema: “Los rincones corren de un lado a otro / ¿Cómo decirles que no es un juego de escondidas / y nunca habrán de encontrarte?”. Desaparecer a otro ser humano no es un juego de escondidas, sino el desmembramiento de su presencia en el entorno que corresponde a su propia vida, a su morada, a su estado del alma. Los rincones, las sillas o cualquier otro objeto dicen la ausencia del hombre; objetos testigos de una huida, de un despojo casi siempre hacia el definitivo silencio. Pero están puestos en este libro, en un estado poético de ensoñación para resumir lo que ya no está. En este lugar de las supresiones y las heridas violentas, Gaitán Bayona escribe este libro, nos testimonia el vacío.


La literatura colombiana ha testimoniado la violencia más por el lado del género narrativo y, excepcionalmente, lo ha hecho desde la lírica, tal vez por el peso circunstancial de hechos tan crudos que exigen mejor ser contados como sucesos que ocurren a unos personajes concretos. Sin embargo, en Claroscuro la poesía asume el riesgo de representar a su manera la historia de la violencia o un fragmento de ella, pero en este caso replegando la imagen del objeto real hacia la mirada del lector para que testimonie la presencia vacía del hombre. En este juego de ocultamientos y revelaciones, el libro plantea su propio lenguaje, como en este poema:



ARMARIO


Los pantalones juegan a la ruleta,
las camisas agitan pañuelos blancos,
la corbata halló el nudo fatal.



En este poema citado las palabras asumen apenas su oficio necesario, no son más ni menos para decir el dolor espiritual y físico, el azar, la ausencia y la esperanza, que reflejan un estado del mundo donde el hombre es ausencia, pero que en la designación de su corbata, su pantalón, la camisa y el pañuelo, se encuentra delatado el dolor del arrebatamiento, el inminente desarraigo de sus aposentos.


Esta escritura también contribuye a dar significado al vacío en la concepción formal del poema apenas contenido en una estrofa de tres versos cada uno. Aquí el poeta se hace consciente de la precisión de la palabra portadora de la imagen necesaria y a la vez detonante. Celebro la palabra de Jorge Ladino Gaitán Bayona en Claroscuro.


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Prólogo del libro de poemas Claroscuro (2015), de Jorge Ladino Gaitán Bayona, Premio de Poesía Juan Lozano y Lozano 2015. Ibagué: Alcaldía de Ibagué, Secretaría de Cultura, Turismo y Comercio.


martes, agosto 18, 2015

Nelson Romero Guzmán: Premio Nacional de Poesía 2015 del Ministerio de Cultura


Por Jorge Ladino Gaitán Bayona
(Profesor de Literatura de la  Universidad del Tolima)




Nelson Romero Guzmán, profesor de la Universidad del Tolima e integrante del Grupo de Investigación en Literatura del Tolima, fue anunciado el martes 18 de Agosto  como ganador del Premio Nacional del Ministerio de Cultura 2015 a mejor libro de poemas publicado entre el 1 de enero de 2013 y el 31 de diciembre de 2014. El reconocimiento fue otorgado a Música Lenta (2014).  Sin duda es un año dorado en el periplo estético del poeta tolimense. En Enero su poemario Bajo el brillo de la luna mereció el  Premio Casa de las Américas en su edición 56, cuyo fallo unánime se dio en La Habana, Cuba.

Nelson Romero Guzmán (Ataco, Tolima, 1962)  es una de las principales voces de la lírica colombiana. Previamente había obtenido: Premio Nacional de Poesía Fernando Mejía Mejía (1992); Concurso Nacional Universitario de Poesía Euclides Jaramillo (1998); Beca de Creación del Fondo Mixto de Cultura del Tolima (1999); Premio Nacional de Poesía Universidad de Antioquia (1999); y Premio Nacional de Literatura –modalidad poesía- del Instituto Distrital de Cultura y Turismo de la Alcaldía de Bogotá (2007). 

Entre sus libros de poesía se encuentran: Días sonámbulos (1988), Rumbos (1993), Surgidos de la luz (2000), Grafías del insecto (2005), La quinta del sordo (2006), Obras de mampostería (2007), Apuntes para un cuaderno secreto (con la mexicana Kenia Cano, 2011). Su libro Surgidos de la luz fue traducido al inglés por el poeta húngaro Andrés Berger Kiss bajo el título Sprung from the light. Junto a sus libros de poesía figuran también varias publicaciones en ensayo. En coautoría se encuentra La poética y narrativa tolimense (2000), junto a Libardo Vargas Celemín y Luis Eduardo Gutiérrez. A nivel individual figuran sus libros: El espacio imaginario en la poesía de Carlos Obregón (2012) y El porvenir incompleto, tres novelas históricas colombianas (2012).

Música lenta (2014), ganador del Premio Nacional de Poesía 2015 del Ministerio de Cultura, es uno de nueve libros de la Colección Letras de la Fundación Arte es Colombia (coordinada por Francia Escobar de Zárate), donde figuran también los poetas Juan Manuel Roca, Horacio Benavides, Rómulo Bustos Aguirre, Andrés Matías, Alfredo Vanín, María Clemencia Sánchez, Jotamario Arbeláez y Jaime García Maffla. 

En Música lenta, Nelson Romero Guzmán no hace una oda convencional del arte y de las posibilidades curativas de la catarsis.  Por el contrario, habla de la escritura como condena, de insomnios que desangran extrañas visiones, demonios que agobian y nunca es posible el exorcismo.  La literatura deja de ser una “forma de la felicidad” (como decía Jorge Luis Borges) para convertirse en castigo de quien intenta con palabras matar una obsesión. El poeta juega a atacar la literatura, se mofa, incluso, de su propia figura.  Inventa un prólogo donde, desde la muerte, Silvia Platt se dirige al escritor tolimense:  “Quien escribe como tú, arruina. Se le debe prohibir la imprenta, escondérsele todo el papel. Mas no te enojes, no por eso la poesía te niega, aunque tú la traiciones. Ella te cose con hilo la cicatriz de los párpados []Nelson, te lo pido, no escribas más, nunca te leerán. Déjame descansar en paz” (Romero Guzmán, 2014, p.p. 9-10). En ese disfrute de las delicias de la crueldad y de representar la aventura de la escritura, el poeta usa varias máscaras para ser, por un rato, Jean Genet, Antonin Artaud e Isidore Lucien Ducasse (Conde de Lautréamont). 

El poeta sobresale por su capacidad de poetizar despojándose de la camisa de fuerza de los géneros literarios. Varios de sus poemas cuentan historias y, frecuentemente, hacen digresiones sobre la literatura. Sus versos van más allá del artificio de la imagen puesto que refiguran las angustias y satisfacciones del arte.  Las piedras y su abecedario religioso se exploran en Obras de mampostería. Las modalidades de escritura de hormigas, polillas, mariposas y otros minúsculos animales se encuentran en Grafías del insecto. Los símbolos pictóricos y las cartas de Vincent Van Gogh a su hermano Théo se reinventan en Surgidos de la luz.  Goya, sus brujas y oscuras criaturas se deslizan en La quinta del sordo. En definitiva, la obra de Romero Guzmán es  rica en intensidades, máscaras, voces y hechos que llevan la imaginación al límite de la belleza.


Referencia

Romero Guzmán, N. (2014). Música lenta. Bogotá: Fundación Arte es Colombia.

domingo, junio 14, 2015

BIRDMAN: LA LOCURA CONTRA LAS PELÍCULAS COMIC



Por Jorge Ladino Gaitán Bayona.
Profesor de Literatura de la Universidad del Tolima.
jlgaitan@ut.edu.co




Edgar Allan Poe, el escritor norteamericano que  convirtió las obsesiones y desordenes de la mente en bases del cuento moderno, advirtió a sus lectores: “La ciencia no nos ha enseñado aún si la locura es o no lo más sublime de la inteligencia” (2006, p. 405).  Este artículo tiene en cuenta la locura no en su condición de patología, sino como variable de la lucidez y del espíritu crítico. Inútil la etiqueta de esquizofrénico para capturar a Riggan Thomson, el  personaje magistralmente interpretado por Michael Keaton en Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia (2014), ganadora de múltiples reconocimientos, entre ellos los Premios Oscar a mejor película, director, guión original y fotografía. Todo lo contrario, cuando Riggan Thomson deja de ser él  y permite que a través suyo se escuche la voz de Birdman -el superhéroe interpretado por él tiempo atrás- la palabra adquiere un vuelo inesperado porque arroja todos sus dardos contra las películas basadas en comic. En la mayoría de cintas del nuevo milenio, la verosimilitud es acribillada por el brillo inocuo de los efectos especiales, los guiones son truculentos, la ficción no saca a la luz los grandes conflictos y pasiones de la condición humana. Pocos largometrajes de este tipo rompen con el lugar común, van más allá de la típica lucha del bien contra el mal, desestabilizan el concepto de héroe y priorizan la historia en vez de las escenas de acción. Contadas son las excepciones, quizás la trilogía de Batman, de Cristopher Nolan,  o Watchmen, dirigida por Zack  Snyder.

Muchos espectadores que ingresaron a las salas de cine para ver Birdman no pasaron de la media hora y abandonaron los recintos porque no acontecía nada de lo esperado: explosiones, crímenes, persecuciones, efectos… Algunos afiches prometían lo mismo de otras películas comic, pero, en realidad, eran bellas emboscadas. La cinta de Alejandro González Iñárritu no está para homenajear al género sino para ofrecer una diatriba. Los amantes del séptimo arte terminan amando la propuesta estética del director mexicano y con una sensación de asco por todos los Ironman, Vengadores, Thor, Hombres increíbles, entre otros. En lugar de las calles y espacios abiertos, el escenario privilegiado por Iñárritu es la conciencia atormentada de Riggan, un “ego ficcional” (Kundera, 2004, p. 97) con demasiado parecido al actor que lo encarna, Michael Keaton. Sobre este último pesa un curioso exilio en las pantallas. El espectáculo no le perdona caracterizar personajes distintos a Batman, luego de protagonizarlo en las dos películas de Tim Burton. Análogamente Riggan es un actor que lucha por hacer teatro y Hollywood lo ha marginado por rechazar la cuarta parte de la saga del superhéroe.

En Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia, la personalidad de Riggan se trastoca cuando abandona las tablas de una obra teatral basada en “De qué hablamos cuando hablamos de amor”, un cuento de Raymond Carver. En la soledad ritual de su camerino emerge de su interior Birdman, el héroe que lo hizo famoso. El hombre pájaro vuelve a él para dominarlo en el teatro de su vida. Curiosa paradoja: un actor veterano renunció para siempre a seguir siendo Birdman en el cine, pero su personaje nunca renunció a él, ha opacado a su propio creador y la única liberación es la muerte. Birdman quiere volver a las pantallas y, mientras tanto, se burla de los comic llevados al cine en la actualidad.  Gracias a su humor negro e ironía, se despiertan juicios de valor en torno a cómo Robert Downey Jr. prostituyó su carrera al repetir las ridículas películas donde interviene el héroe de Marvel: “Ese payaso no tiene ni la mitad de tu talento y está ganando una fortuna con ese disfraz de Hombre de Hojalata. Nosotros fuimos los verdaderos, Riggan. Lo teníamos todo. Lo dejamos ir. Les entregamos a estos embusteros las llaves del reino. ¿Me estás escuchando?”.

 ¿Cómo no recordar los ácidos versos de Francisco de Quevedo?: “Poderoso caballero es don Dinero” (1987, p. 32). Ante los mandatos de Hollywood y la tentación de millones de dólares, innumerables artistas sacrificaron sus convicciones éticas y estéticas. Quienes alguna vez brillaron por encarnar personajes trágicos dejaron atrás la belleza y los desafíos actorales. Se estancaron en la comodidad de las fórmulas trilladas de las películas comic, donde la cursilería, los exagerados efectos  computarizados, los chistes tontos y los finales traídos de los cabellos rompen la verosimilitud. Natalie Portman conmocionó al mundo en su papel de artista capaz de entregar su vida en aras de la belleza - El cisne negro -pero rápidamente cayó en el dulzón papel de científica enamorada en las pésimas películas de Thor. ¿Cómo perdonar a Halle Berry su Gatubela o a  Nicolas Cage su Ghost Rider ¿Cuántos renunciaron a ser verdaderos actores y actrices para ser solamente estrellas? ¿Cuándo olvidaron el cine en su condición de séptimo arte? 

Junto al ostracismo impuesto por Hollywood a quienes se resisten a repetir papeles taquilleros está la crueldad de la prensa contra los que cambian las pantallas de cine por las tablas del teatro. La película del director mexicano muestra a una crítica del espectáculo profundamente feroz, al acecho, merodeando las tabernas donde los artistas olvidan sus tribulaciones. Hacia ella dirige su malestar Mike Shiner (protagonizado por Edward Norton), uno de los actores en la obra en la cual Riggan protagoniza, dirige y produce: "Un hombre se convierte en crítico cuando no puede ser artista, así como se convierte en informante cuando no puede ser soldado". Lo dijo Flaubert, ¿no?”.


Poco a poco pasan al olvido las secuencias sugestivas, los diálogos trascendentes y las cámaras que captaban esos pequeños gestos en los cuales habitaban las tensiones de la existencia. Para las productoras norteamericanas, la inesperada virtud de la ignorancia en las películas basadas en comics es la taquilla y los derechos de imagen por la publicidad en alimentos chatarra. Tal como Bidman reconoce a Riggan, lo fundamental son los tiroteos y las destrucciones de ciudades: “Dale a la gente lo que quiere: pornografía clásica y apocalíptica […]  Les brillan los ojos. Adoran esta mierda. Adoran la sangre, adoran la acción. No esta basura habladora, deprimente, filosófica”.  La profunda genialidad de Iñárritu y su equipo de guionistas –Nicolás Giacobone, Armando Bo y Alexander Dinelaris, Jr- es tornar en cualidades estéticas lo que no haría una película convencional al estilo del universo Marvel: “habladora, deprimente, filosófica”.  Birdman ahonda en el tema del fracaso e instaura en la escena la lúcida locura de alguien que fue superhéroe y lucha contra el estereotipo. En vez del vértigo de las secuencias de acción, prima la lentitud ritual de las digresiones y los plano secuencia; en lugar de la “pornografía apocalíptica”, las insinuaciones y largos silencios donde el espectador rumea el desencanto del protagonista. Definitivamente, como bien lo resalta Pablo  Scholz en una de sus columnas para El Clarín, “el sendero poético es clave en Birdman, esa mezcla de sátira al show business y al mundo de la actuación, a Hollywood, y a los críticos” (2015).


Referencias

Kundera, M. (2004). El arte de la novela. Barcelona: Tusquets Editores.

Poe, E. A. (2006). Miscelánea. Buenos Aires: Editorial Claridad.
Quevedo, F. (1987). Poemas escogidos. Madrid: Clásicos Castalia. 
Scholz, P. (11 de Febrero de 2015). Birdman: Como te ven, te tratan. El Clarín. Recuperado de: http://www.clarin.com/extrashow/cine/Birdman-Crotica_de_cine-Alejandro_Gonzalez_Inarritu-Michael_Keaton_0_1302469782.html

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Para citación:

Gaitán Bayona, J.L. (2015). Birdman: la locura contra las películas comic. Candilejas, Revista Cinema Itinerante. Semestre A de 2015, volumen No. 3, No. 5.,Universidad del Tolima, p.p. 4-6.  



LA POESÍA COMO CONTRACARA DE LA VIOLENCIA COLOMBIANA EN LOS VELOS DE LA MEMORIA, DE JORGE ELIÉCER PARDO RODRÍGUEZ

  Jorge Ladino Gaitán Bayona (Grupo de Investigación en Literatura del Tolima, Universidad del Tolima)     Ponencia del 13 de noviembre de 2...