sábado, agosto 27, 2011

LA NOVELA DEL TOLIMA (1905-2005): BIBLIOGRAFÍAS Y RESEÑAS CRÍTICAS


Reseña de María Victoria Echeverri García

(Revista Lingüística y Literatura, No. 57, 2010, Universidad de Antioquia, 175-178).


(Celemín Vargas, Libardo; Monroy Zuluaga, Leonardo; Ladino Gaitán, Jorge, La novela del Tolima (1905-2005). Bibliografía y reseñas críticas, Ibagué: Editorial Atlas, 2008, 184 págs).


La novela del Tolima (1905-2005). Bibliografía y reseñas críticas, debe su origen a la labor del “Grupo de investigación en literatura del Tolima” que, conformado por Libardo Vargas Celemín, Leonardo Monroy Zuluaga y Jorge Ladino Gaitán, viene trabajando desde el año 2005 en el desarrollo de un proyecto centrado inicialmente en la novela, pero que atendiendo a una perspectiva más amplia, dirige sus esfuerzos a la reflexión sobre la literatura del departamento del Tolima.

El libro fue publicado por la Editorial Atlas en abril de 2008, a cargo de la Oficina de investigaciones y Desarrollo Científico de la Universidad del Tolima.

El texto está conformado por la introducción a la obra, una bibliografía de la novela del Tolima y un amplio conjunto de reseñas críticas, cada una de las cuales está enfocada en una de las obras de los novelistas que han sido objeto de la investigación.

La introducción, además de representar la puerta de entrada a este trabajo, es la pieza clave de toda la producción para todo aquel que esté inmerso en el mundo de la investigación en literatura. Este importante apartado del texto, nos presenta todos los elementos que tomaron parte en la construcción de la obra, desde el motor de la investigación, los objetivos y propósito de la misma, hasta aquellos aspectos que se convirtieron en fundamento de todo el proceso investigativo que hasta la fecha se viene desarrollando. De esta manera, podemos apreciar cómo, según los autores, el texto se presenta en el marco de lo que podría considerarse una nueva postura en el espacio de la historia y la crítica literaria nacional, en el sentido en que la investigación dirige su mirada en igual medida a lo que conocemos como el corpus, aquellas voces marginales y/o periféricas, como a aquellas obras que están cubiertas bajo el rótulo de canon. De este modo, se afirma en esta introducción, se pretende rastrear las características propias de la novelística del departamento, así como también, poner en claro la posible existencia de una tradición del género.

Partiendo de esta postura que trata de abarcar el horizonte bibliográfico del departamento, el objetivo que se pretende alcanzar con el libro, en palabras de los autores, “(…) es el de realizar tanto un relevamiento bibliográfico que amplíe el espectro de visión sobre la literatura nacional, como la lectura atenta de todos aquellos textos que se publican bajo la denominación de novela” (13). De esta manera, al valorar tanto el canon como el corpus local, el libro busca “(…) establecer posibles sentidos y estilos que se reiteran en esta novelística, formular hipótesis frente al conjunto de escritores nacidos en el Tolima y su relación con la literatura colombiana y universal e incluso sugerir la inclusión de obras que, por sus calidades estéticas aún no hechas visibles, puedan ser parte de un nuevo grupo de piezas representativas a nivel departamental y nacional” (13-14).

Para la realización del ejercicio crítico que se llevó a cabo, según los autores, se hizo uso de las herramientas correspondientes a la teoría literaria. En este sentido, se tuvo como fin la construcción de una lectura interpretativa animada, cimentada no en el entusiasmo y pasión por la región sino en la posibilidad de una esquiva objetividad. Así, según apreciamos en la introducción a la obra, la evaluación racional del material investigativo se constituyó como fundamento y punto de partida del proceso emprendido.

Por otra parte, podemos observar cómo producciones anteriores que tuvieron en la mira la literatura del Tolima se mostraron como la base informativa desde la cual partió la investigación, este es el caso de la obra crítica de Luz Mary Giraldo y de algunos textos del escritor Orlando Pardo, especialmente de su Diccionario de autores del Tolima y Novelistas del Tolima. De la misma forma, se tuvo presente, según los investigadores, el trabajo investigativo de diversas historias de literaturas departamentales, además de ciertas reflexiones y estudios construidos en torno a la historia literaria, como los que se presentan en volúmenes de revistas dedicadas al asunto, por ejemplo el No 5 de Teoría, Historia, crítica, de la Universidad Nacional de Colombia o el No 19 de la revista Poligramas de la Universidad del Valle, así como también investigaciones dedicadas a la cuestión como las de la Maestría en Literatura colombiana de la Universidad de Antioquia. La revisión de estos materiales buscó apropiarse de diferentes procedimientos, claves y respuestas que dieran luz a la investigación y la enriquecieran. En este sentido, también se presentaron en el camino ciertas dificultades que frenaron el trabajo de indagación. Según los investigadores, la falta de una tradición investigativa en el Tolima ha obstaculizado el proceso de búsqueda ya que, contando unas pocas excepciones, “(…) no existe la valoración suficiente sobre la literatura del Tolima por parte de autores, editores, bibliotecarios, y una conciencia plena de la necesidad de, en los primeros, ubicar los datos esenciales en sus publicaciones y en los segundos, de hacer una catalogación precisa que responda al contenido de la obra y su género específico” (16).

Llegada a su fin la introducción a la obra, nos encontramos con el apartado destinado a revelarnos una bibliografía de la novela del Tolima. Como criterio fundamental de elección de los novelistas que hacen parte de este listado, se contó con que éstos hubieran nacido en el Tolima, de esta manera, según los autores, aquellos escritores cuya obra sea escenificada en el departamento o sean considerados hijos “adoptivos” del mismo no tendrán parte en esta bibliografía. Esta decisión parte de una razón epistemológica según la cual, la investigación no ansía elaborar un estudio sobre la novela tolimense, es decir, sobre una novela en la que se exalta lo propio de la región, sino sobre la novela del Tolima, dada sólo por los escritores nacidos en el departamento. En esta medida, la determinación del género novela también se evidenció como uno de los criterios a seguir en la configuración del catálogo bibliográfico. Observamos entonces cómo, según los investigadores, se han hecho a un lado obras que según todos los indicios tradicionales, harían parte de este género narrativo, pero que dados los resultados de la indagación, tendrían como rótulo más adecuado el de cuento, y en otros casos el de crónica o cuadro de costumbres. Las obras incluidas en la bibliografía están enmarcadas entre 1905 y 2005, esta delimitación está fundamentada en el afán de reflexionar en torno a la producción novelística generada desde el momento de la institucionalización político-administrativa del Tolima hasta el año que coincide con el inicio de la investigación emprendida por este grupo.

La mayor parte de la obra está comprendida por un gran conjunto de reseñas, éstas a su vez, están dedicadas a una novela de cada uno de los escritores que integran la bibliografía antes señalada. Al adentrarnos en cada reseña, encontramos varios puntos en común: en primer lugar, un acercamiento al autor que parte tanto de un breve recuento de su vida y como de la historia de la obra objeto de la reseña, seguidamente encontramos la exposición de la anécdota principal de la novela y finalmente, la evaluación crítica de los elementos y mecanismos narrativos utilizados, así como de los puntos ideológicos plasmados en cada obra. De esta forma, cuarenta y ocho reseñas pueden encontrarse organizadas en orden cronológico: desde la primera, publicada en 1925, El río Amazonas, de Guillermo Torres Vargas hasta la publicada en el 2005, Dónde estará la melodía, novela de Celedonio Orjuela Duarte. Una visión general de todas las reseñas nos muestra que el trasegar de novela del Tolima está marcado por temas, enfoques y elementos tan diversos como la Violencia, las vanguardias, el costumbrismo, la historia, lo policíaco, la transculturación urbana, la superación personal, la posmodernidad, entre muchas otras variantes.

El material bibliográfico y crítico que encontramos plasmado en esta obra del “Grupo de investigación en literatura del Tolima” se configura no como el fin del trabajo investigativo, sino como el comienzo de las reflexiones que cimentarán próximas incursiones en la cuestión literaria del Tolima; según los investigadores, el proceso hasta ahora desarrollado será el fundamento, la base para la próxima construcción de la Historia de la novela del Tolima. En este sentido, el trabajo emprendido por el grupo, tanto la producción aquí reseñada como el horizonte histórico-literario que se pretende abarcar, no tiene otro propósito que el de “(…) ampliar el espectro del conocimiento de la novela colombiana desde la apreciación de un corpus que no ha sido abordado” (17) y en este sentido, “(…) motivar un diálogo que desde la escuela dé cuenta de las mentalidades y expresiones del departamento en el marco de la nación colombiana” (18).

María Victoria Echeverri García (Universidad de Antioquia).

La reseña puede leerse en fuente digital de la Universidad de Antioquia:

http://revinut.udea.edu.co/index.php/lyl/article/viewFile/6307/7911

LA COMUNIDAD DE LOS ROCKEROS


Por Nelson Romero Guzmán

(Poeta y ensayista colombiano)


El libro de poemas Manicomio Rock (Bogotá, Editorial Universidad Nacional de Colombia, Universidad del Tolima, 2009) de Jorge Ladino Gaitán encierra una clave en la vida del rockero Charly García: la leyenda de sus pasos constantes por los hospitales psiquiátricos, pero que igualmente puede leerse sin ese prejuicio, pues el libro de poemas como tal no asume al ídolo en la tarima, en el tragaluz del espectáculo, sino que a través de imágenes poéticas que aventuran el delirio, la enfermedad y el desarraigo, nos develan al artista del rock en su lucha interior con la música y sus propias composiciones (Tu vicio o Me tiré por vos), en diálogo con otros elegidos de su estirpe (Janis Joplin, Kurt Cobain, Jimi Hendrix, Angus Young y Michael Young), así como el propio músico expresa su rabia frente al mundo desde la literatura, o más exactamente permitiendo el encuentro entre música y literatura. La música, la vida del músico, conforman la materia bruta del libro; la forma como expresa esa intimidad, las imágenes alucinatorias que lo configuran, definen su poética y el mayor atractivo en la lectura.

El libro está subtitulado en tres partes significativas: Puertas adentro, Puertas afuera y Cadena perpetua. Rastreados en su lectura esos tres apartados, el poemario alude a un adentro (la intimidad, los sueños con sus pesadillas, el yo en permanente hastío, la soledad), a un afuera (el mundo en descomposición, el tedio de los minutos, la realidad exaltada por los sentidos, lo fantasmagórico) y a una ironía de la prisión (la conquista de la libertad encadenada a través de la literatura: Borges, José Emilio Pacheco, Alejandra Pizarnik, Amado Nervo, Joyce, Homero, Sófocles).

El rock alude a una expresión cultural de la libertad cercana al desarreglo de los sentidos, que excita a la juventud a una expresión de su mundo sin prejuicios, simbolizado en el golpeteo rítmico del metal y demás instrumentos fusionados en la orquesta, así como las letras de las composiciones. Esos componentes, más una manera propia de asumirlo socialmente desde la moda y el espectáculo, produce la imagen de un caos, de un manicomio. Aprovechando esa confusión, más la figura de Charly García que lo asume desde su experiencia interior, llevan al lector, poema tras poema, al encuentro con una pequeña “temporada en el infierno” que evoca a Rimbaud, o el ambiente delirante de “Las cantinas” en Maicol Lowry. Jorge Ladino se vale para expresar la locura del rock (de su interioridad o carnalidad) a través del recurso poético de la imagen de contenido fuerte, espeluznante, a veces desde el yo despersonalizado en Charly García, o a partir de la confesión de otros roqueros que son testigos a través de la música de un mundo polvoriento, en el cual el artista asume la suciedad, la enfermedad, la locura y sus delirios: “Pueden llamarme Dios o Charly”. Imágenes del libro rastreadas en varios poemas, como: la música funda la tormenta, creo en el infierno que soy, país de cristal para feriarlo a los ciegos, ¡soy leño de mi propio infierno!, mi cuerpo es hospicio de fantasmas, le otorgan a la expresión un tono contestatario como las letras de las canciones de Charly, pero cargadas de sentido poético.

Entre los méritos de Manicomio Rock tenemos la capacidad del lenguaje para transfigurar la expresión del rock como materia poética, para lo cual Jorge Ladino no exalta la figura de Charly García como uno de los mejores representantes de esta música en español, sino que la sondea en lo oculto, en su propio desgarramiento frente a la realidad que oscila entre un adentro y un afuera con múltiples presencias, intuiciones y sorpresas en el mundo interior del artista; es a ese submundo del alma del cantante a donde viaja la palabra de Ladino, para extraernos ricas imágenes y confesiones no de un yo confesional, sino de una historia personal que involucra el instante de encuentro entre el rock (ahora hechos poesía), con su comunidad de adeptos:


Réquiem


Es la memoria

(bosque en llamas).

Atrapa tu nombre entre sus labios.

El silencio apunta con sus ojos de siempre:

¿Cuántas muertes en tu ojo izquierdo?

¿Cuánto olvido en tu ojo derecho?

Caía la ciudad y sus pétalos de sombra.

Siempre ajenos el grito y la herida.

Hoy la culpa estalla en pájaros.

Es tarde para la tregua.

Un árbol cruje y un poema arde en su vuelo.


Este es el libro de un admirador del rock instalado en la poesía, que une las líneas que parecen separar la música y la literatura. Con Manicomio Rock, Jorge Ladino resultó ser primer finalista en el Concurso Nacional de Poesía María Mercedes Carranza (2006).

--------

Esta reseña de Nelson Romero Guzmán del libro de poemas Manicomio rock (Bogotá: Editorial Universidad del Tolima, 2009) fue publicada en: Tiempo de palabra, revista de arte y poesía, Año 9, No. 12, Ibagué, Mayo de 2010, 61-63.

Información del autor de la reseña: Nelson Romero Guzmán nació en Ataco (Tolima-Colombia) en 1962. Graduado en Filosofía y Letras de la Universidad Santo Tomás. Tesis laureada en el Magister en Literatura de la Universidad Tecnológica de Pereira en convenio con la Universidad del Tolima. Ganador de varios premios nacionales: Premio Nacional de Poesía Ciudad de Bogotá 2007; Premio Nacional de Poesía Universidad de Antioquia en 1999; Premio Nacional de Poesía Fernando Mejía Mejía en 1992. Incluido en varias antologías de poesía colombiana. En su obra lírica se encuentran los siguientes libros: Visión bajo el relámpago (2009); Obras de mampostería (2008); La quinta del sordo (2006); Grafías del insecto (2005), Surgidos de la luz (2000); Días Sonámbulos (1988).

sábado, junio 25, 2011

CARRANGA SINFÓNICA: RAICES CAMPESINAS Y ALTA CULTURA


Por Jorge Ladino Gaitán Bayona

(Profesor de la Universidad del Tolima,

Doctor en Literatura de la Universidad Católica de Chile,

jlgaitan@ut.edu.co).



Decía Beethoven que “la música constituye una revelación más alta que ninguna filosofía”. Esta consideración toma validez al indagar la manera ingeniosa como la música Carranga condensa la forma como el campesino colombiano contempla su relación con la tierra, los animales, el amor, el viaje y las tensiones entre el campo y la ciudad. Como lo destaca Claudia Isabel Serrano, la Carranga “llevó a las personas a pensar en su región, a reconocerse en una determinada cultura, que compartía saberes campesinos, formas de sentir, de soñar, de pervivir. Esta bailadorcita logró que las personas no sintieran vergüenza de identificarse con el ser campesino; un modelo pedagógico para los niños y niñas, objeto legítimo de estudio científico en las ciencias sociales” (1).

Justamente, desde las ciencias sociales, los doctores Tomás Sánchez Amaya y Alejandro Acosta Ayerbe han explorado con acierto la Carranga como uno de los géneros insignes de la cultura campesina colombiana, oriunda del Antiplano Cundiboyacense, pero de rápida expansión a otras zonas del país y con ámbito de recepción en el exterior: sus giras por Argentina, Bolivia, Ecuador, México y Perú, pero también sus presentaciones en el Madison Square Garden de Nueva York y en teatros de Moscú, Barcelona, Madrid, entre otros. Es indudable que la producción musical de este género, con más de treinta años de historia, “se ha ocupado de un variado repertorio en términos de ritmos, estilos y temas, dirigidos en un primer lugar a los habitantes del campo; sin embargo, la difusión se ha extendido más allá de las fronteras de lo rural y ha incursionado por diversos medios en las ciudades. De modo que sus audiencias no son solamente campesinas, sino que sus mensajes impregnados de contenido social -reflejo de la realidad y de la condición humana-, han conquistado el gusto de una considerable audiencia, que la usa de diferentes modos y con diversas finalidades” (2).

Desde 1979 en la Emisora Radio Furatena de Chiquinquira donde Jorge Velosa Ruiz (veterinario de la Universidad Nacional) empezó a comunicar sus coplas e interacciones con la música folclórica colombiana que derivarían en su primer álbum titulado Los carrangueros de Ráquira (1980) hasta el nuevo siglo, la Carranga es un poderoso sistema cultural que no sólo suma los 19 trabajos musicales y más de 200 temas de Jorge Velosa en solitario y en colectivo, sino también más de 2000 canciones de agrupaciones carrangueras a lo largo del país. Otras esferas de la música no escapan a su influjo, no es raro escuchar en conciertos a una banda de rock alternativo como Doctor Krápula interpretando “La china que yo tenía”. Del mismo modo, en el departamento de Boyacá de donde es oriundo el maestro Jorge Velosa (Ráquira, 1949), se conformaría un interesante grupo de rock llamado Velo de Oza que interpreta clásicos del carranguero mayor como “La china que yo tenía”, “Julia, Julia, Julia” y “Las diabluras”.

Teniendo en cuenta lo anterior cobra sentido que, como fruto de ensayos y varias presentaciones en el 2010, saliera al mercado en el 2011 el disco compacto Carranga sinfónica. Jorge Velosa y los Carrangueros se unieron con la Orquesta Sinfónica de Colombia para llegar a este inolvidable álbum. El requinto de Jorge González Virviescas, la guitarra de José Fernández Rivas, el tiple de Manuel Cortez, la guacharaca, la armónica y la primera voz de Jorge Velosa (en definitiva la actual agrupación Jorge Velosa y Los Carrangueros) se funden armónicamente con los violines, las violas, violonchelos, contrabajos, flautas, oboes, clarinetes, fagotes, cornos, trompetas, trombones, timbales, tuba, piano, arpa y percusión de la Orquesta Sinfónica Nacional, bajo la dirección del maestro Eduardo Carrizosa. El disco, grabado en Bogotá del 26 al 28 de octubre de 2010 en los estudios de Audiovisión, es posible por el apoyo de la Secretaria de Cultura y Turismo de Boyacá, la Asociación Nacional de Música Sinfónica, el Fondo Mixto de Cultura de Boyacá, el Ministerio de Cultura y la Gobernación de Boyacá.

En Carranga sinfónica el acople de la cultura popular con la cultura clásica permite valorar ritmos folclóricos de los que abreva la Carranga (guabinas, rajaleñas, bambucos y torbellinos). Por este disco se deslizan coplas (“Dónde estarán tantán”, “Lero, lero, candelero”); odas al campo (“Canto a mi vereda” “El rey pobre” y “Boyaquito sigo siendo”); divertimentos que hablan de diablos traviesos (“Las diabluras”) y de avatares de animales de finca (“La gallina mellicera” o “La Pirinola” donde se canta la tragedia de una vaca, “la mejor para ordeñar”, que terminó ahorcada); una rumba que celebra a quienes deciden unir sus vidas (“Por fin se van a casar”); canciones que exaltan la tierra, sus bondades, rituales de cultivo, frutos y flores que llegan a seres humildes (“El cagajón” y “La rumba de las flores”); merengues carrangueros que contienen en sus melodías el violento choque cultural del campesino que migra a la ciudad (“La cucharita” y “La china que yo tenía”); un canto de amor que entroniza a la mujer por encima de camiones y objetos casi sagrados para trabajadores rurales (“Julia, Julia, Julia”); y hasta una rumba rap que moraliza a quienes con sus actos cotidianos generan daños ecológicos (“El marranito”).

En fin, la Carranga, “pregonera de la vida y la alegría de la gente campesina” (3) alcanza un alto grado de legitimación antropológica y cultural al ocupar con acierto las instancias de la esfera clásica. Se trata de un diálogo intercultural valioso entre un ritmo campesino y la música sinfónica en un disco que vale la pena ser disfrutado por nacionales y extranjeros por la limpieza de su sonido, la jocosidad de sus letras, la alegría y armazón de sus melodías depuradas.



REFERENCIAS


1. Serrano Otero, Claudia Isabel. La carranga, memoria y cultura. Tomado de 15 de junio de 2011 de: http://www.correvedile.com/carranga-memoria-cultura

2. Sánchez Amaya, Tomás y Acosta Ayerbe, Alejandro. “Música popular campesina. Usos sociales, incursión en escenarios escolares y apropiación por los niños y niñas: la propuesta musical de Velosa y Los Carrangueros”. En: Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, Niñez y Juventud, vol.6 no.1 Manizales, Enero-Junio 2008. http://www.scielo.unal.edu.co/scielo.php?pid=S1692-715X2008000100005&script=sci_arttext

3. Ibíd.


------------------------------------

El video que sigue pertenece a la canción "La Pirinola", del concierto Carranga Sinfónica, Plaza Principal de Ráquira, septiembre 5 de 2010:



Esta reseña se publicó primero en este medio digital (sábado 25 de Junio de 2011) y en forma impresa en: Facetas, cultura al día de El Nuevo Día, el periódico de los tolimenses, Ibagué, Domingo 3 de Julio de 2011, p. 7.

domingo, mayo 01, 2011

DEL DEATH METAL AL FACEBOOK EN NOTAS DE INFRAMUNDO

Por Jorge Ladino Gaitán Bayona

(Profesor de literatura de la Universidad del Tolima,

Doctor en Literatura de la Universidad Católica de Chile,

jlgaitan@ut.edu.co)


Notas de inframundo, novela ganadora del Concurso Nacional de Novela Corta en Colombia en el 2009 (convocado por el Taller de Escritores de la Universidad Central), condensa en 108 páginas una aguda mirada sobre los usos y abusos del Facebook, la venganza que brota del desamor y la difícil sobrevivencia de quienes anclan sus sueños en la creación y sostenimiento de una banda de Metal. Su autor, Alejandro Cortés González (Bogotá, 1977), con esta ópera prima lanzada en agosto del 2010 en la Feria Internacional del Libro de Bogotá, logra atrapar a los lectores con una historia amena en su anécdota, inteligente en el manejo del dato escondido, certera en su lenguaje y de alta visibilidad en escenas donde se recrean los temores y fragilidades del protagonista.

Estratégicamente una narración en primera persona “tiene la ventaja de poseer el aspecto de una experiencia vivida” (Sarraute, 1967: 56) y cuando se hace un uso acertado de las técnicas literarias, del asombro y de la brevedad, la lectura no quiere pausas sino beberse el relato de una sola sentada. En el caso particular de Notas de inframundo la atención del lector es captada desde el inicio y, a medida que transcurren las páginas, lo que empezaba siendo el atractivo de la anécdota (un misterio por resolver) deriva en aspectos más complejos de la condición humana. En este sentido, vale destacar en la obra el dato oculto como herramienta narrativa pues la respuesta que persigue el lector sobre quién le está boicoteando la dignidad del protagonista es la excusa perfecta para ahondar en cuestiones más duras de la vida del personaje y de las tribulaciones de la banda a la que pertenece: las dificultades para su conformación; la alegría de grabar unos discos compactos que, sin embargo, no cuentan con la debida circulación; el irrespeto a que son sometidos los grupos locales de rock y de metal en bares o conciertos donde resultan vulnerados cuando son teloneros de bandas internacionales. Se podría hablar, incluso, de una novela de artista, en este caso de un metalero que pone de relieve el porqué de su elección estética, su sentido de la amistad y del carpe diem, las travesías y los conciertos, su lucha por consolidar su música en un contexto difícil y el peso de saber que se envejece sin alcanzar las metas propuestas.

El protagonista-narrador-metalero, no sólo pone en estrecha conexión el universo de la música y de la ficción, sino que también suscita reflexiones sobre los usos irresponsables que muchos hacen del Facebook y las redes sociales del internet. Lo que debieran ser espacios privilegiados de la tecnología para fortalecer la interculturalidad, el diálogo respetuoso, la afectividad sincera y la consolidación de propuestas novedosas a nivel político, ecológico y estético, terminan frecuentemente convertidos en lugares oprobiosos donde cualquiera puede insultar, hacer montajes fotográficos de las víctimas de turno y volver un muro público la intimidad ajena. Así comienza justamente Notas de inframundo, cuando su protagonista descubre que en el Facebook hay un grupo llamado “Yo también odio a Leo Rodríguez” donde sus exnovias resentidas quieren volver trizas la imagen y el nombre que durante años ha intentado consolidar. El texto narrativo se burla de la banalidad de los cibernautas, de las gramáticas empobrecidas de quienes saltan de muro en muro opinando sin argumentos de todo y de nada, y de un mundo postmoderno donde muchos olvidan vivir y el contacto cara a cara por reducirse a simples egos en pantalla que se vanaglorian por aumentar sus contactos virtuales.

Es de resaltar que la complejidad de la lectura ideológica sobre el Metal, el amor y el desamor reposa en un tejido verbal ligero, es decir agradable por el uso del humor, veloz en los diálogos y preciso en sus frases cortas. El protagonista es un burlado-burlador. A las bromas a que lo someten las facebooknautas, antepone su ingenio para reírse de sí y del devenir de su banda. Usa el repertorio lingüístico aprendido en su oficio de panadero para contar sus cuitas y nombrar a sus agresoras (Mabely, la chica fanfarrona del Facebook, en su argot no es sino una gorda a la que siempre denominó “mogolla”). Reconoce, no sin dolor, que llamarse Leonardo Eultogio Rodríguez Mora es un nombre poco apto para un rebelde porque suena a “abuelo con diarrea” (Cortés González, 2010: 44). Pone en tensión la imagen oscura que quiere brindar y la cursilería a la que se llega en los noviazgos; de Martina, por ejemplo, dice que “por estar flotando en su nube de ositos cariñositos no se acordaba que yo tocaba Death Metal” (p. 27). Además, el humor permite que las escenas sexuales narradas por alguien que juega a ser rudo convierta lo que podría parecer burdo en divertimento del lenguaje: “Yo era su surtidor lácteo; pude entender lo que sienten las vacas. Ella decía que mi esperma era azucarada y le gustaba mucho. Qué bueno que alguien haya encontrado mi lado dulce” (p. 71). Jocoso es también que la banda de Death Metal de la que es bajista, considere que sí las agrupaciones europeas triunfaban cantando las mitologías escandinavas, nada de malo tendría que una colombiana –llamada Bajo Tierra- cuente en sus canciones la cosmogonía precolombina de los Muiscas, al fin de cuentas es oriunda del municipio de Chía (el nombre en muisca de la luna).

Notas de inframundo es una novela divertida y profunda, con una propuesta estética que no descuida los recursos narrativos al recrear el sentido de una pasión por la música y los desajustes existenciales del hombre reciente en un mundo liviano en convicciones pero pesado en su verborrea y culto por la imagen. La risa en sus claroscuros lleva a que el lector sienta al protagonista como una presencia cercana y querida, fluctuando entre la ridiculez de sus relaciones fallidas y la profundidad de sus digresiones, entre lo universal -el gusto de tocar temas de bandas gringas y europeas- y lo local -el orgullo de cantar las “raíces chibchas” (p. 61)-; entre la soledad de quien lentamente abandona su juventud y el frenesí de los conciertos, la embriaguez y los porros.

REFERENCIAS

CORTÉS GONZÁLEZ, Alejandro. Notas de Inframundo. Bogotá: Ediciones Universidad Central, 2010.

SARRAUTE, Nathalie. La era del recelo: ensayos sobre la novela. Traducción de Torrente Ballester. Madrid: Ediciones Guadarrama, 1967.



----------------
Esta reseña fue publicada en Facetas, cultura al día de El Nuevo Día, el periódico de los tolimenses. Domingo 1 de mayo de 2011.

LA POESÍA COMO CONTRACARA DE LA VIOLENCIA COLOMBIANA EN LOS VELOS DE LA MEMORIA, DE JORGE ELIÉCER PARDO RODRÍGUEZ

  Jorge Ladino Gaitán Bayona (Grupo de Investigación en Literatura del Tolima, Universidad del Tolima)     Ponencia del 13 de noviembre de 2...