viernes, julio 26, 2013

FORMAS DEL TIEMPO Y LA MEMORIA: MIENTRAS EL TIEMPO SEA NUESTRO

Por Jorge Ladino Gaitán Bayona
(Integrante del Grupo en Investigación en Literatura del Tolima,
jlgaitan@ut.edu.co).



Mientras el tiempo sea nuestro (2013) es una antología poética donde se recoge la obra de Lilia Gutiérrez Riveros, Nelson Romero Guzmán, Winston Morales Chavarro, Hernán Vargascarreño y Andrés Berger Kiss. Su bello diseño, adelantado por Ediciones Exilio, está disponible a los lectores tanto en pasta dura como en pasta blanca. Son 339 páginas dando cuenta de diversas relaciones con el tiempo en los cuatro autores colombianos y el escritor húngaro: el tiempo del idilio en Lilia Gutiérrez; el tiempo de la creación pictórica y poética en Nelson Romero; el tiempo del mito en Winston Morales, el tiempo de las digresiones –sobre el viaje, los trenes y la palabra- en Hernán Vargascarreno; y el tiempo de la memoria en Andrés Berger Kiss.

La sección antológica de Lilia Gutiérrez Riveros se titula “Inventario 1985-2012” (p.p. 21-81). Esta poeta, nacida en Macaravita-Santander en 1956,  ha publicado los libros Con las alas del tiempo (1985), Carta para Nora Böring (1994), La cuarta hoja del trébol (1997), Intervalos (2005) y Pasos alquilados (2011). El hilo conductor es la experiencia del tiempo como un idilio que lleva a la poeta a ser una con la naturaleza y la divinidad. Hay una visión panteísta en sus versos que le permite vivenciar misterios en cada forma circundante. Al respecto, la poeta -ganadora de varias distinciones literarias cuyo tema es la ecología- dice en su poema “Planeta de bolsillo”: “Recorro la elongación de un suspiro/ y protejo entre el bolsillo/ mi planeta de bosques y manglares/ sin ruidos en el aire/ y calma en las ciudades” (p. 58). Enaltece en sus textos lo sagrado de la libertad y la existencia: “la vida es un hilo/ en este paréntesis de eternidad” (p. 55). Esa eternidad la experimenta, sobre todo, cuando se abraza al mar, el gran útero inmortal.

La sección de Nelson Romero Guzmán se titula “Canción para un final” (p.p. 83-143). Este poeta y ensayista, nacido en Ataco-Tolima en 1952, es una de las voces más destacadas no sólo de su departamento, sino también de la lírica colombiana, no en vano su inclusión en varias antologías y sus premios recibidos, donde sobresalen el Premio Nacional de Poesía “Fernando Mejía Mejía” (1992), Premio Nacional de Poesía Universidad de Antioquia (1999) y Premio Nacional de Literatura –modalidad poesía- del Instituto Distrital de Cultura y Turismo de la Alcaldía de Bogotá (2007). A nivel poético ha publicado Días sonámbulos (1988), Rumbos (1993), Surgidos de la luz (2000), Grafías del insecto (2005), La quinta del sordo (2006), Obras de mampostería (2007) y Apuntes para un cuaderno secreto (con la mexicana Kenia Cano, 2011).  Desde Surgidos de la luz hasta el último de sus libros el poeta crea su belleza morando en otras bellezas: la de la propia poesía y la de la pintura. El arte es su casa y la fuente de sus versos, de ahí, por ejemplo, el recurso de la écfrasis (intertextualidad donde los poemas nacen como inspiración, recreación o resignificación de obras existentes en las artes visuales). La écfrasis le deja ponerse la máscara de Vincent Van Gogh en Surgidos de la luz, la de Goya en La quinta del sordo y la de otros pintores en textos líricos posteriores. Sus poemas no sólo son ricos en metáforas y figuras retóricas, sino también en propuestas estéticas donde los géneros literarios parecieran diluir sus fronteras cuando se cuentan historias desde el verso o la prosa poética. Su lírica imagina con intensidad los tiempos de la creación estética de artistas geniales y malditos a los que rodearon fantasmas, delirios, penurias y reproches. Las otras máscaras de la voz poética son las de  Antonin Artaud, el Conde de Lautréamont, Jean Genet, entre otros.  El poeta se desdobla, es otro, atormentado y visionario en la creación, tal como pareciera advertirse en el poema en prosa “Carta devuelta”: “En mi íntimo ser batalla otro ser, de negros apetitos” (p. 97).

La sección de Winston Morales Chavarro se titula “Selección de poemas” (p.p. 145-206). Este escritor, nacido en Neiva-Huila en 1969, es ganador de varios galardones, entre los que vale resaltar el Concurso Nacional de Poesía “Euclides Jaramillo Arango” (2000),  Premio Nacional de Poesía de la Universidad de Antioquia (2001) y Premio Nacional de Poesía Universidad Tecnológica de Bolívar (2005). En su obra poética se encuentran los libros Aniquirona (1998), De regreso a Schuaima (2001), Memorias de Alexander de Brucco (2002), Camino a Rogitama (2010) y La ciudad de las piedras que cantan (2011). Su poesía, abundante en metáforas sugestivas, se funda en los tiempos del mito. Hechos y personajes de la Biblia son astutamente recreados  en Memorias de Alexander de Brucco. En otros libros el poeta busca músicas milenarias en pájaros, volcanes y aguas de lluvias, ríos y mares; músicas que lo llevan a Schuaima, “el reino del gran más allá”, donde el hombre es capaz de vivir plácido, incluso al saberse cercado por la muerte “como el rumor de un río” (159). El tiempo del mito griego se evidencia en Camino a Rogitama, donde los mismos títulos de los poemas anuncian los dioses y héroes: “Hércules”, “Orfeo”, “Apolo”, “Ícaro”, entre otros.

La sección de Hernán Vargascarreño tiene como título “Palabra varia” (p.p. 207-268). Este escritor, nacido en Zapatoca-Santander en 1960 y conocido como traductor, tiene publicados dos atractivos libros de poesía: País íntimo (2003) y Piedra a piedra (2010). En el primero la dedicatoria al cuento “El guardagujas” de Juan José Arreola indica una de las obsesiones temáticas: el tren, no como símbolo del progreso, sino en su condición fantástica. La brevedad de sus textos líricos, eclosivos en sentidos y en miradas filosóficas, juega con el tema del viaje y el retorno, a partir de imágenes sobre el tren de los dioses, el tren del sueño, el tren del deseo, también trenes silenciosos, invisibles, locos y cuerdos. Hay un tren para cada ser y de eso dan cuenta los versos.  El tiempo de las digresiones frente a la vida, sus viajes y despedidas, es también parte de Piedra a piedra, libro donde también se da la autoconciencia sobre el poder de las palabras, su condición mágica, su relación con la divinidad y la forma en que “guardan lumbre/ para otros tiempos más aciagos” (p. 239).

Cierra el libro la sección del escritor húngaro Andrés Berger Kiss, bajo el título “Mientras el tiempo sea nuestro”, justamente el nombre que asume la antología total. Este autor, nacido en Szombathely en 1927, ha nutrido su sensibilidad estética a partir de sus viajes (los primeros forzosos por la condición judaica de su línea paterna). Transitó por Colombia, Estados Unidos y otras geografías. Aparte de su labor como cuentista y novelista ha publicado los libros de poesía Voces de la tierra (1995, bilingüe, Voices from the Earth)  y Mis tres patrias (2004). Esa condición judaica -donde son fundamentales la memoria, el exilio y el libro como morada- hace que su creación estética juegue con lo autobiográfico. El tiempo de la memoria no es sólo el de la evocación de la geografía colombiana y su infancia placentera en Medellín, sino también el de la rememoración dolorosa de la locura de su hermano internado en Sibaté-Colombia (“Un poema para Piter”)  y el de los miedos y mutilaciones -de tierra, familia y afectos- a que se vieron sometidos sus padres, abuelos y allegados que abandonaron sus hogares por las cualidades de su sangre (a diferencia de los 17 miembros de su familia que sucumbieron ante los nazis  durante el Holocausto).  Esos poemas signados por la rememoración dolorosa son de buena factura poética por la mesura y poder sugestivo del verso al abordar realidades crudas sin caer en tonos quejumbrosos, así como se descubre en sus poemas “En el tren del exilio” y “El día que comenzó nuestro exilio”, donde se refiere que “el pueblo sin brújula  ya iba por caminos inciertos” (p. 276).



Libro reseñado


Mientras el tiempo sea nuestro, antología poética. Lilia Gutiérrez Riveros, Nelson Romero Guzmán, Winston Morales Chavarro y Andrés Berger Kiss. Bogotá-Santa Marta, Colombia: Ediciones Exilio, 339 páginas. 


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Para efectos de citación:

Gaitán Bayona, J. (22 de Julio de 2013).  Formas del tiempo y de la memoria: Mientras el tiempo sea nuestro. Letralia, tierra de letras. Año XVII; No. 285, Cagua-Venezuela.

domingo, junio 02, 2013

SIETECULEBRAS: UNA REVISTA PARA CELEBRAR

Por Jorge Ladino Gaitán Bayona,
Profesor de la Universidad del Tolima,
Doctor en Literatura de la  Universidad Católica de Chile,


En el ombligo del mundo, como llamaban los Incas a Cusco, nació en 1991 Sieteculebras, Revista Andina de Cultura. Se han publicado hasta la fecha 32 números, hecho que merece celebrarse, no sólo porque en Latinoamérica muchas son las revistas que mueren con pocos años y ediciones ante las dificultades de sostenimiento, sino también porque en sus páginas se dan cita distintas miradas y expresiones artísticas  del Perú y de la aldea global.

Sieteculebras tiene colaboradores y corresponsales en varios países del mundo. Su director es el escritor cusqueño Mario Guevara (1956),  narrador, guionista de cine, promotor cultural y autor de los libros El desaparecido (1988); Fuego del sur, tres narradores cusqueños (1990); Cazador de gringas y otros cuentos (1995);  Matar al negro (2003); y Usted, nuestra amante latinoamericana (2010).

La revista, de carácter independiente y sin sesgos ideológicos, recoge cuentos, poemas y ensayos de autores peruanos y extranjeros. A nivel de crítica literaria, sus páginas están abiertas a reflexiones juiciosas de las propuestas estéticas tanto de autores contemporáneos de trascendencia, como también de aquellas voces emergentes que generan otros encuentos con la belleza y que, muchas veces, son invisibilidades por  la academia y el mercado.

El reciente número 32 (del 2012) ofrece a sus lectores una valoración estética que hace el escritor Mario Wong del Movimiento Kloaka, creado en Lima en 1982 y cuyos aportes en búsquedas de lenguajes y renovaciones temáticas han sido claves para la lírica peruana (texto titulado “Kloaka, 30 años forever”). Figuran también allí los ensayos “Sendero Luminoso: la lucha armada en la narrativa peruana contemporánea” (de Lancelot  Cowie), “Alberto Mostajo, un poeta de culto” (de Wilmer Kutipa Luque), “Jorge Amado y el arte de unir estética y política: en el centenario de su nacimiento” (de Alfredo Herrera Flores), “El complejo de Merlín y el mito de la reconciliación en La hora azul de Alonso Cueto” (de Mario Suárez Simich), “Autarquía literaria, el caso de la revisa La Sierra” (de José Agustín Haya de la Torre).

A nivel de creación aparecen el cuento “Ese es mi hijo” de Roberto Vergaray Arias, la crónica “El poeta herido” de Roberto Martín Cháves y los poemas “Retrato de mi padre” (de Mario Guevara Paredes),  “Del lado de acá”, (de Carlos Henderson en trributo a la vida y obra de Julio Cortázar) y “Filoso amor” (de Luis Vargas Cereceda).

Es de resaltar en el número 32 un dossier en homenaje a Carlos Fuentes, con ensayos de Luis Bero, Mario Pantoja, Miguel Ángel Quemain y Rafael Ojeda. Este último, en su texto titulado “La aventura de Montparnasse: Carlos Fuentes cerca de Vallejo”,  hace una bella evocación de la vida cultural que se ha dado en Montparnasse, barrio histórico de París donde queda ubicado un célebre cementerio del mismo nombre, donde reposan las tumbas de César Vallejo y de Carlos Fuentes (quien está cerca a los restos de sus hijos Carlos y Natasha Fuentes Lemus).

Veintidós años de persistencia han hecho que, número tras número, Sieteculebras sea una de las revistas claves en la vida cultural del Perú, con una emergente proyección internacional gracias al esfuerzo de su director, el escritor Mario Guevara Paredes. Su ejemplo es valioso, incluso, como prueba de que desde las regiones –ajenas al centralismo de las capitales- se puede generar dinamismo cultural conectado lo local con lo universal.  




Para efectos de citación:


Gaitán Bayona, Jorge Ladino. Sieteculebras: una revista para celebrar. Facetas, cultura al día, de El Nuevo Día, el periódico de los tolimenses. Ibagué, Junio 2 de 2013, p.p. 2-3.

domingo, abril 07, 2013

LA "MÁSCARA CLANDESTINA" DE LA ESCRITURA EN SI MAÑANA EL TIEMPO NOS AGUARDA


Por Jorge Ladino Gaitán Bayona
(Profesor de la Universidad del Tolima,
Doctor en Literatura de la Pontificia Universidad Católica de Chile,


Maurice Blanchot señala en La escritura del desastre: “el desastre es aquel tiempo en que ya no se puede poner en juego, por deseo, ardid o violencia, la vida que se procura” (1990: 41).  Es tema y tono para que se dé una estética de la conmoción: sacude al lector no sólo con imágenes ingeniosas y contundententes, sino también con una visión desencantada sobre el sinsentido del ser y del tiempo. Allí los versos tocan las heridas  del desamparo, la soledad y el hastío; quien lee siente el “dolor tajando, despedazando” (50). El desastre “como fuerza de escritura” (14) lleva el lenguaje a “la intensidad del desfallecimiento” (14) y se alcanza el “llorar sin lágrimas” (25).  Esto último cobra enorme sentido pues indica que el tema no puede sacrificar la forma y que esa visión oscura de la vida no se expresa en quejidos del sentimiento en bruto (la evidencia ramplona de las lágrimas), sino que está sometida a un tratamiento estético desde alusiones, metáforas y figuras retóricas que recrean la tristeza, el fracaso y el estado terminal de la existencia.

En las coordenadas antes mencionadas se sitúa Si mañana el tiempo nos aguarda, de la escritora tolimense Esperanza Carvajal Gallego. Este libro de poemas, editado en febrero del 2013, es el número 96 de la colección Viernes de Poesía, de la Universidad Nacional de Colombia. Esta publicación, adelantada por la más importante institución de educación superior en el país, es un reconocimiento a una autora que desde el primero hasta el último de sus libros ha tenido una preocupación por abordar temas ajenos al idilio, sin descuidar el rigor con el lenguaje y la musicalidad. En Esperanza Carvajal hay trayectoria y fuerza en la voz poética. Junto al libro mencionado se encuentran también El perfil de la memoria (1997), Las trampas del instante (2005), Festín entre fantasmas (2008) y Peldaños para escalar la noche (antología, 2010). Aparte de su presencia en varias antologías de la lírica tolimense, se destaca su inclusión  en la Antología de la poesía colombiana (1931-2011), de Fabio Jurado Valencia.

Resalta Blanchot  en su libro que  pasado, presente y futuro se funden en una ruina devoradora. Los días venideros están despojados de salvación.  Si mañana el tiempo nos aguarda anuncia desde el título desconcierto y más adelante los poemas advierten que cada día es desecho y los instantes tienen filos: “Todos los días/ se arrojan a la caneca/ como un desperdicio más/ expuesto a los saqueadores de la luz/ que no encuentran nada útil a su existencia” (Carvajal Gallego, 2013: 17); “Este permanente caer./ Infame tarea de la navaja/ en inmediaciones de la noche” (19). Por esa conciencia del tiempo como condena y despojo es que los símbolos de luz ya no entrañan la idea de redención, sino evidencia del hastío y de las muertes lentas del ser en medio de la costumbre: “El silencio es sufragio de la luz”; “Ahora que portas la lámpara del miedo/ no mides la estatura de la soledad” (20); “Nadie llama a la celda de los condenados/ ni atiza  el fuego de sus cadenas” (25) “¿Para qué la luz/ si no vemos el día?” (38).

Una escritura del desastre no cree que cuando se toca fondo empiece el ascenso. Siempre se puede caer más bajo de lo que se piensa; el fondo tiene otro y así sucesivamente, como un infinito  juego de cajas chinas de la melancolía: “El desastre vuelve, siempre desastre después del desastre” (Blanchot, 1990: 13). En Si mañana el tiempo nos aguarda no tiene cabida la esperanza y si aparece nombrada es para cuestionarla, mostrarla como veneno, traición, ardid de la miseria y de la mala suerte. Al respecto nos dice la poeta: “Hemos quedado ciegos/ de esperar lo inaplazable/ a merced de una esperanza maltrecha” (5); “Fingir que no pasa nada/ cuando nos traiciona la esperanza” (Carvajal Gallego, 2013: 22).

Una visión existencialista late en los poemas de Esperanza Carvajal. Por ello se mencionan caídas y abismos; no en vano la poeta habla de “esa mirada de precipicio” (35). Los versos instauran en la palabra seres que se sienten arrojados a la vida y esta se regodea haciendo larga su tarea: “El tiempo gota a gota/ cobra su cuota de eternidad” (36). Todo va en cámara lenta haciendo angustioso cada momento; los minutos y las horas se mastican con desgano porque “dentro llevamos el reloj que nos oprime” (37). La idea del tiempo como verdugo se insinúa en las páginas del poemario; el victimario prefiere la tortura y evita la muerte rápida; de ahí su agrado por las armas de filo y por dejar heridas que sangran cada vez que la víctima hace un mal movimiento: “Abro la puerta de una herida/ como quien olvida cerrar/ el grifo de la sangre” (15). ¿Qué hacer entonces cuando todo está perdido? ¿Si “la vida  es un exilio permanente” (8) qué casa resulta segura? ¿Se puede despistar al tiempo con máscaras que siempre terminan repitiendo la desazón y la desesperanza? La poeta concluye al respecto en “Asumo la máscara clandestina”:

Asumo la máscara clandestina
robada a la costumbre:
cada noche pongo a salvo
el sueño que roe el agujero de las desdichas.
¿Qué importancia tiene morir y resucitar a diario
si nuestro cuerpo elige otra trayectoria
y obliga a envejecer con indolencia?
Habitaré la casa que nunca construimos,
porque a estos ojos cansados
la lumbre ya no llega (31).


Referencias


Blanchot, M. (1990). La escritura del desastre. Caracas: Monte Ávila Editores.
Carvajal Gallego, E. (2013). Si mañana el tiempo nos aguarda. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia.

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Para efectos de citación: Gaitán Bayona, Jorge Ladino (abril 7 de 2013). La escritura del desastre en Si mañana el tiempo nos aguarda. Facetas, cultura al día de El Nuevo Día, el periódico de los tolimenses, p.p. 2-3.

jueves, marzo 28, 2013

CHARLY GARCÍA NOS ACOMPAÑA (Poema de Esperanza Carvajal Gallego)



Amigo siga usted. Aún no empuje la puerta
donde se asilan los abismos
y las horas que lastiman la vergüenza de la retina.
Espere aquí el canto de la agonía
del próximo prófugo;
aguarde en esta antesala de la orfandad
donde cualquier palabra hiere la respiración
y los labios decretan los olvidos.
Un día dijimos:
¡Cómo no encarar este destino
si somos rocas de los mismos arrecifes!
Ahí está nuestra condena con su campanario de tedio.
Espere un poco más.
El olvido perfora el fruto en la garganta
y la lengua traza un mapa,
una mancha de sangre.
Un dibujo hecho con la voz desleída de nuestra existencia
muestra el lugar inequívoco
donde el universo arde en llamas
que sólo apagan los poemas.
Aquí estamos a salvo
bajo el abrigo de esta escritura que nos inventa,
nos acosa, nos persigue.
Nada tengo a cambio sólo esta hoja tachada
con las enmendaduras de mi rostro
que reclama un puñado de agua.


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Poema de Esperanza Carvajal Gallego del libro Si mañana el tiempo nos aguarda, colección viernes de poesía (96), Universidad Nacional de Colombia, 2013, p. 16.

martes, marzo 05, 2013

PRÓLOGO Y POEMAS DEL LIBRO BALADAS PARA EL AUSENTE


BALADAS PARA EL AUSENTE: EL DIARIO DE YOKO ONO AL HOMBRE DE LOS ANTEOJOS TRISTES

                                                              
                                                                                Por Nelson Romero Guzmán


Baladas para el ausente es el tercer título de poemas del poeta Jorge Ladino Gaitán Bayona. Dos momentos creativos paralelos configuran el libro: uno tiene que ver con la estructura del diario que lo divide en partes (1:00 A.M., 2:00 A.M. y Sueños 3:00 A.M.), y el otro se instala en la voz íntima que nos habla desde el diario, encargada de reconstruir el diálogo con un ser ausente. Ese ausente es John Lennon y la voz que lo evoca a través de las baladas es la de Yoko Ono. El mayor desafío del libro de Jorge Ladino Gaitán, su propuesta poética más relevante consiste, justamente, en traer al otro desde la orilla imposible, al que se sabe definitivamente ausente sin la posibilidad de un retorno físico, ¿cómo lograrlo?, ¿por qué vías hacerlo? En este caso a través del cuerpo desnudo de Yoko, pero también apelando a la memoria colectiva que ella misma representa y de las letras de las canciones de Lennon intercaladas perfectamente en los poemas del diario. El pretexto de diario recapitula, yendo y viniendo fragmentariamente, varios momentos de la vida de Lennon al lado de Yoko y su fatal desenlace, tales como la luna de miel de la pareja en el Hotel Hilton en Ámsterdam en 1969, las protestas estudiantiles contra la Guerra de Vietnam, el compromiso del artista y su música con la libertad de los pueblos oprimidos, su relación con la pintura Pop, el teatro, el cine, la filosofía y la muerte del compositor y cantante a sus 40 años acaecida en Nueva York el 8 de diciembre de 1980 a causa de cinco balas propinadas por  Chapman; a su vez, el poemario se instala con toda su fuerza en la intimidad: se trata de la intimidad de un erotismo fatal, “mutilado”, donde falta el otro, de un duelo a muerte del cuerpo vivo de Yoko con el vacío del cuerpo del amante que no está presente en el lecho de quien lo exorciza, dando paso a su presencia fantasmal en la alcoba. De ahí que la mayor tensión del libro, su mejor definición poética, se instala en ese punto fugaz donde se entrecruzan la vida y la muerte mediadas por el deseo. Por eso en el poema que sirve de preludio nos encontramos de entrada con esta confesión: “También la muerte es estación del deseo”. 

Desde los primeros poemas el libro nos ofrece claves temporales y espaciales precisas para instalarnos en la lectura y, desde dichos referentes, desplegar el aparato verbal portador de imágenes sencillas que en su aparente fragmentación eligen un tono narrativo, procedente de la conciencia crispada y vigilante de quien es presa de un desvelo lacerante y obsesivo por ciertas ideas extrapoladas: la muerte y el deseo; el amor y la tragedia; la presencia y el vacío. Así, al avanzar en la lectura, sabemos que Yoko Ono, la viuda de Lennon, se encuentra sola en el cuarto de un hotel en Nueva York, un ocho de diciembre. El libro plantea en sus imágenes más recurrentes una sensación de vacío, desprendimiento, mutilación, ausencia, pérdida del otro y de sí mismo, como se desprende de varias citas contundentes en su construcción poética: “Como si el deseo fuera un holocausto y no Vietnam y sus sangres sin duelo” (VII), “Cinco balas y John sin Yoko” (V).

La concisión de los epígrafes son claves para entender el programa de lectura porque ellos se encargan de enriquecer la atmósfera del libro. El que sirve de pórtico proviene de la misma Yoko: “¿Por qué te extraño si sólo eres polvo? (“Why do I miss you so if you’re just a spec of dust?”); de Alejandra Pizarnik las palabras “instante”, “vacío” y “sombras” le dan sentido a la primera parte (1:00 A.M.): “Ese instante que no se olvida, / tan vacío devuelto por las sombras”;  así como los versos citados de Gioconda Belli nos remiten a la desnudez y la soledad del cuerpo de Yoko en su cuarto: “Aquí estoy, / desnuda, / sobre las sábanas solitarias”.  Lo mismo ocurre al interior de los poemas donde la voz de Lennon se deja oír fragmentariamente a través de las letras de sus canciones, principalmente aquellas que hicieron época y que fueron epígono de su amor por la paz, así como las que dialogaron con Yoko:


In the middle of the night I call your name,
¡Oh Yoko!”.


Dicha intromisión de voces ajenas se encuentran bien integradas a la intencionalidad del libro, pues a la vez que se hallan bastante asimiladas al conjunto, sirven para introducir sutiles variantes de tono y de perspectiva en el nivel significativo de los textos, otorgándole flexibilidad a la forma del diario asumida por los poemas. Además, sumado a esa intención de acumulación de voces, dicho despliegue y reconocimiento que hacemos como lectores se encuentra más explícita en la tercera parte del libro subtitulada “Sueños 3:00 A.M.”. Aquí se nos ofrece plena la mujer en su estado de duermevela, donde la experiencia del sueño y del delirio es vivida por Yoko como desdoblamiento a través de variadas voces de heroínas o escritoras de distintas épocas de la historia como Virginia Woolf, Sherezada, Dido, Cleopatra y Ofelia, las cuales se dejan sentir como las máscaras de la propia Yoko. Todo este coro de voces extraviadas en el tiempo, que a su modo también cantaron, resultan también evocadas como visión onírica de la imagen de la muerte; por eso el epígrafe escogido de un poema de Ovidio es perfecto a la intención de este apartado: “¿Qué es el sueño sino la imagen fría de la muerte?”. La primera “imagen fría de la muerte” es Nueva York a los ojos de Yoko, en esos momentos la ciudad es pesadilla y drama interior, también por haber sido el escenario de la muerte de Lennon, donde la única señal de vida es su música en medio de la descomposición:


Nueva York está sitiada,
hay esvásticas en la aurora,
cañones cruzando sus pájaros en fuego.

“Qué pasa, New York?
Qué pasa, New York?
Well down to max's Kansas City,
got down the Nitty Gritty
with the elephants memory band”.

Quiero correr y abrazar a John
pero los pasos arden y me quedo quieta,
entre cadáveres y discos emboscados.


Entre esa pesadilla de “discos emboscados” en una ciudad que arde, aparece la venganza y la muerte de Chapman, otro de los protagonistas del diario. El asesino se hace presente a través del sacrificio de Minotauro cuando Lennon le habla a Yoko desde el laberinto de Creta: “Seré Teseo en tu piel / pero antes mataré a Chapman y arrojaré al fuego el ovillo” (XXVII). La presencia de Chapman también hace parte del juego con las máscaras, un poco haciéndole guiños al teatro y finalmente burlando al homicida en un dejo de ironía, como en este pasaje:


Si pudiera devolverle los cinco tiros que mataron a Lennon,
me disfrazaría un rato de Chapman,
le pediría un autógrafo y en la noche le descargaría mis noches en vela.


El libro, en varios apartes, hace aflorar un cierto tono de ternura como la otra posibilidad de traer a un Lennon niño, donde Yoko juega a ser la madre; el ídolo es evocado reiteradamente desde sus insignias corporales y las utopías que hicieron tan particular y pegajosas sus canciones en una época que se reconoció en sus letras y en el sonido de los instrumentos que él interpretaba. Aquí está su retrato en palabras, quizá en su dimensión más familiar reconocida por sus fanáticos:


A tus cuarenta, John,
sigues hermoso en tu miopía,
lentes redondos,
jugando a Ghandi,
doliéndote el mundo en la mirada.
Querías salvarlo con canciones,
tu guitarra contra la guerra y un piano blanco para el amor.

“Imagine all the people
living life in peace…
You may say I'm a dreamer
but I'm not the only one.
I hope someday you'll join us
and the world will be as one”. 

(…)
Cantarás acurrucado en mi vientre,
siempre niño,
siempre Lennon.


El título del libro asume la balada como un género de la música popular, la más cercana a la expresión lírica para tematizar el amor, el erotismo y en este caso expresar la ausencia del ser amado; además porque esta forma musical encarna la manera de contar una historia que se sabe íntima, sentida y a la vez compartida. En este libro la balada tiene el poder de resucitar al otro, pero no para instalarlo simplemente a la memoria sino para complementar metafóricamente el cuerpo presente que se sabe mutilado sin el otro, como en el poema VI: “Las sábanas desperezan sus pliegues, / saben que en mi cuerpo falta tu cuerpo, / que a esta Yoko le han mutilado su Lennon”. Así resultan formas sencillas de decir, la fluidez de una conciencia en desvelo, el monólogo de la mujer solitaria que se habla a sí misma y entabla diálogos con un fantasma a quien lo evoca en su soledad: “Ven, / segundo a segundo, / sobre mi cuerpo que no ha dejado de esperarte”, sin embargo se hace consciente de la imposibilidad material de su erotismo: “Te toco, / desapareces, / sola de nuevo”. Ese juego entre la presencia ilusoria y la ausencia definitiva, viene a convertirse en una de las mayores sorpresas del libro, porque la evocación también da paso al John Lennon humano detrás del estereotipo de sus “anteojos tristes”, a quien amorosamente Yoko le dice:


Mi Lennon de anteojos tristes,
te dolía cada hueso quebrado,
la sangre sobre los campos de arroz,
la lluvia de bombas y el horror del bambú sagrado.


El John Lennon recreado por Jorge Ladino Gaitán no es el del mito forjado por la fama y la histeria colectiva, ni el del espacio multitudinario de los conciertos, sino el John Lennon humanizado en el escenario íntimo de un cuarto, donde es narrado poéticamente por Yoko, quien lo devuelve por un instante al mundo, haciéndonos partícipes de esa experiencia ajena a través del diario escrito en el tono de la balada, relegando de esta forma el poema a  un lugar marginal. Todo porque en este caso la escritura poética pudo enmascarase. La máscara ha sido el mejor complemento del hombre. Jorge Ladino Gaitán Bayona supo ponerse sin pudor la máscara de una mujer, la de la japonesa Yoko Ono, pero no cualquier máscara, la más difícil y huidiza quizá, aquella que va por dentro. Este libro nos hace pensar que la escritura debe servir para adentrarnos en el otro,  si se quiere también para saquearlo en el mejor de los sentidos, interpretarlo, perderse en sus laberintos y soñar sus sueños. Son esos los robos que la literatura justifica,  son los hurtos sagrados que debe hacer la poesía así como Prometeo robó el fuego, cuando se trata de escribir un libro sobre un personaje reconocido, en este caso John Lennon, uno de los símbolos más altos y más populares de la música de los años sesentas y setentas. Este libro es diario y es balada porque relatan con mesura, es decir, sin la concepción anquilosada del poema como mera acumulación de imágenes deslumbrantes, recuperando en su aparente simpleza la frescura del hombre que fue Lennon. Es un lenguaje que va de adentro hacia afuera y viceversa, es decir, desde las entrañas de dos seres que se amaron hondamente a través de la carne, el compromiso con la libertad, la música y la pintura, pero también desde el mundo externo simbolizado en una ciudad como New York que fuera escenario del rock and roll y que ahora se descompone a los ojos de Yoko, como “una imagen fría de la muerte”, según reza el epígrafe de Ovidio.

Celebro este libro de Jorge Ladino Gaitán, celebrado también por lectores que me han precedido en un certamen nacional y otro regional de poesía, donde fuera destacado.




SELECCIÓN DE POEMAS DE BALADAS PARA EL AUSENTE

                

II



A tu muerte llevaré mi muerte,
salvaré un solo recuerdo,
un año para emboscar al tiempo sus relojes:
1969,  
la piel de marzo en Ámsterdam,
la cama sin orillas del  902,  Hotel Hilton.

Afuera las calles sacudían su desencanto,
pancartas y besos contra la guerra,
no podía llamarse fría cuando Vietnam era un incendio.
Mi Lennon de anteojos tristes,
te dolía cada hueso quebrado,
la sangre sobre los campos de arroz,
la lluvia de bombas y el horror del bambú sagrado.
No podías callar,
hicimos el amor hasta quebrar al miedo sus alas silenciosas.
La cama fue bote salvavidas,
asomaron otras voces
y remamos en coro:

“All we are saying is give peace a chance”.

Querías una canción con la furia de las palabras simples,
la utopía desnuda de artificios y metáforas,
un pozo de aguas claras donde los pájaros bebían su reflejo.

Salvaré un  solo recuerdo.
A tu muerte llevaré mi muerte.



X



Hay una guitarra llorando tus manos,
hay un cuerpo que se sabía guitarra y se mira guijarro,
hay una canción deslizando un cuerpo por las grutas de un mal recuerdo,
hay una foto desangrada en canción en el álbum de bodas,
hay una Yoko  acariciando la foto
donde no sueltas mi mano, John, en una tarde de protesta.
Cada cosa soportando la otra en su ausencia,
un sol negro, como el verso de Nerval,
todo en este cuarto tan exacto a mí,
tan ajeno a mí.


XIII



La palabra astilla los nervios y nadie habrá de escucharme.
El piano de la muerte en la noche ebria.
Hay un rincón del viento donde la memoria sangra tus guitarras y canciones:

“Life is what happens to you
while you're busy making other plans”.

Otra vez el horror,
 el eco de diciembre deslizando tu cadáver.
A veces recuerdo mis labios donde anidaste tu saliva y tu deseo.
¡Oh John, si volviéramos como las flechas que nunca partieron!


XXXIX



Los fantasmas no envejecen,
llevan la edad de su muerte.
A tus cuarenta, John,
sigues hermoso en tu miopía,
lentes redondos,
jugando a Ghandi,
doliéndote el mundo en la mirada.
Querías salvarlo con canciones,
tu guitarra contra la guerra y un piano blanco para el amor.

“Imagine all the people
living life in peace…
You may say I'm a dreamer
but I'm not the only one.
I hope someday you'll join us
and the world will be as one”. 

Sé que me esperas y no te importa si tendré setenta u ochenta.
Los fantasmas no envejecen,
pero estaré más vieja para cuidarte.
Cantarás acurrucado en mi vientre,
siempre niño,
siempre Lennon.

 

 XL



Seguir lloviendo…
hueso adentro
entre sábanas y sueños rotos.
La piel eligió su invierno,
la lentitud de los relojes mientras deshoja el día su mueca.
A veces el sol arroja sus migajas
y el frío igual,
el desvarío de ser y nombrarse,
cuarenta poemas no bastan para salvarse,
cuarenta años arribaron a la muerte, mi Lennon niño, mi Lennon amante.

Los recuerdos  se sacuden la nieve sobre mis párpados.
¿Quién avivará el fuego?
¿Dónde los amigos o las viejas canciones?
Uno vuelve a las fotos por las heridas que no cierran.
Cada retrato convoca su propio espanto.
El miedo apunta:

Las
palabras
caen
como
insectos.


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DATOS DEL AUTOR DEL PRÓLOGONelson Romero Guzmán, poeta colombiano (Ataco-Tolima, 1962). Ganador de varios reconocimientos, entre los que se destacan el Premio Nacional de Poesía “Fernando Mejía Mejía” (1992), Premio Nacional de Poesía Universidad de Antioquia (1999) y Premio Nacional de Literatura –modalidad poesía- del Instituto Distrital de Cultura y Turismo de la Alcaldía de Bogotá (2007). A nivel lírico ha publicado los libros Días sonámbulos (1988), Rumbos (1993), Surgidos de la luz (2000), Grafías del insecto (2005), La quinta del sordo (2006), Obras de mampostería (2007) y Apuntes para un cuaderno secreto (con la mexicana Kenia Cano, 2011). A nivel de crítica literaria ha publicado los libros El porvenir incompleto, tres novelas históricas colombianas (2012) y El espacio imaginario en la poesía de Carlos Obregón (2012). Es Licenciado en Filosofía y Letras de la Universidad Santo Tomás y Magister en Literatura de la Universidad Tecnológica de Pereira en convenio con la Universidad del Tolima.


PORTADA:  Memories in green. Óleo sobre lienzo de Diego Fernando Céspedes.


DATOS DEL LIBRO: Gaitán Bayona, Jorge Ladino. Baladas para el ausente. Ibagué: Alcaldía de Ibagué, 2013. 

Baladas para el ausente fue Mención de Honor en el XVI Premio Nacional de Poesía  Ciro Mendía 2012 y Premio de Poesía Juan Lozano y Lozano 2012. Este último premio permitió la publicación del libro dentro del Programa Municipal de Estímulos de la Alcaldía de Ibagué, desarrollado por la Secretaría de Cultura, Turismo y Comercio.

LA POESÍA COMO CONTRACARA DE LA VIOLENCIA COLOMBIANA EN LOS VELOS DE LA MEMORIA, DE JORGE ELIÉCER PARDO RODRÍGUEZ

  Jorge Ladino Gaitán Bayona (Grupo de Investigación en Literatura del Tolima, Universidad del Tolima)     Ponencia del 13 de noviembre de 2...